Hoy 88 familias de soldados argentinos caídos en la guerra de Malvinas tienen la respuesta que esperaron durante 35 largos años. Esas familias ahora saben que sus hijos, padres, hermanos yacen enterrados en el cementerio argentino de Darwin donde combatieron en “un tiempo que no podemos entender”, como escribió Jorge Luis Borges en su poema referido a la guerra con los ingleses.
Ochenta y ocho de las 121 tumbas de esos soldados que descansan en ese cementerio, que debía estar lejos de la vista de los habitantes de las islas, tendrán su placa identificatoria gracias a la misión humanitaria del Comité Internacional de la Cruz Roja de identificar los cuerpos de esos cadáveres esparcidos por los campos de batalla y que la sensibilidad del capitán Geoffrey Cardozo, del Ejército británico, decidió juntar en noviembre de 1982 en ese cementerio y colocarles la inscripción “Soldado argentino sólo conocido por Dios”.
Ahora, los familiares de esos soldados podrán colocar un ramo de flores, rezar frente a la tumba con nombre y apellido, y tocar la cruz blanca.
Cartas en papel amarillento, páginas rotas de una Biblia, estampitas religiosas, alianzas de oro, documentos de identidad, carnets, entre otros objetos que resistieron el paso del tiempo, fueron encontrados por el Equipo Argentino de Antropología Forense en los cuerpos de los 88 soldados identificados. Objetos que guardaron como tesoro en sus uniformes y con los que se abrigaron hasta el momento de la muerte.
Las familias de estos héroes, se merecían esta identificación, sobre todo para un país que sigue buscando la verdad y la justicia de ese pasado doloroso.