El histórico intercambio presidencial promete tanto rating como la final entre Argentina y Alemania.
El jefe de Gobierno porteño, asesorado por un curioso y heterogéneo equipo –acompañado incluso por las enseñanzas de una maestra budista–seguramente intentará reforzar la idea de la necesidad de un cambio, sin confrontaciones, aunque si es necesario podrían recurrir a ellas con sólo convocar los nombres de Boudou o Nisman. En el debate habrá cuatro ejes temáticos: desarrollo económico y humano; educación e infancia; seguridad y derechos humanos y fortalecimiento democrático. Según el manual de estilo acordado con los representantes de los dos postulantes, habrá lugar a preguntas entre ellos y tiempo para las respuestas; este será tal vez el segmento más caliente de la confrontación. En lo que digan, pero también en lo que callen, se verán las fortalezas y las debilidades de cada uno en una contienda histórica, por ser la primera de estas características. Más allá de quién gane frente a las cámaras, el escrutinio del domingo terminará de deshojar la margarita, tras lo cual no habrá demasiado tiempo para disfrutar la miel del triunfo.