Cuando era un adolescente, allá a finales de los 70, las peleas callejeras entre neuquinos y cipoleños eran un clásico de fin de semana. Bastaba para que ellos vinieran a bailar a la capital o nosotros cruzáramos el puente para que a la salida del boliche se armara.
Eran animadas peleas que nunca tenían ganador, pero en las que volaban los tortazos para todos lados. El saldo siempre era un ojo hinchado, algún moretón en la cara, pero no mucho más que eso porque cuando los ánimos se caldeaban demasiado, los mismos peleadores o testigos de la pelea la terminaban y se separaban.
Siempre hubo peleas entre los adolescentes en todos los tiempos, pero nunca que pasaran a mayores como las que ocurren en la actualidad.
Las fiestas masivas volvieron a estar en medio de la discusión a partir de esta violenta agresión.
Digo esto a propósito de la paliza que le dieron a un pibe a la salida de una fiesta de fin de año. El chico de 20 años intentó separar a un amigo que se estaba peleando y alguien, desde atrás, le pegó con una piedra y le partió el cráneo. Como si fuera poco, otros que estaban alrededor aprovecharon a que la víctima estaba caída (y ya desmayada) para patearle la cabeza. El resto no hizo nada, más que filmar todo con los celulares, una costumbre que se impone entre los jóvenes por más que alguien esté agonizando y a punto de morir.
Hoy ese chico está en coma, con el cráneo partido, un ojo muy comprometido y el riesgo de secuelas permanentes. El agresor fue detenido y el resto de la sociedad todavía se pregunta por qué pasó lo que pasó y no sale de su asombro por semejante nivel de violencia.
¿No es hora de sentarse a pensar qué se puede hacer para frenar esto? ¿O tenemos que esperar un próximo video para ver cómo revientan a un pibe de la misma manera y a la vista de todos ? Les dejo la inquietud.