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La Mañana escuela

A los 94 años, Gabriel Rivera festejó los 100 años de su escuela en Naunauco

Fue uno de los primeros alumnos de la centenaria escuela asentada a los pies del mítico cerro.

Hay distancias y tiempos que van quedando en el recuerdo. Hay vivencias que marcan la vida para siempre. Hay sensaciones, emociones y sentimientos que se conservan en el corazón como una reliquia. También hay personas que son la historia misma y que la llevan consigo en cada paso que dan. Una de ellas es don Gabriel Rivera, quien -con sus jóvenes 94 años- es hoy una leyenda viviente de la historia de la Escuela Albergue 70 de Naunauco. La institución celebró el jueves 25 de agosto los 100 años de vida institucional. En la ocasión y como si fuera su primer día de clases estaba firme y estoico don Gabriel con cuerpo de hombre pero alma de niño. Fue el héroe de la jornada. Recibió todos los honores en medio de alumnos, docentes, directivos y autoridades locales y provinciales. “Para mí don Rivera es la historia viva, es la posibilidad que tenemos hoy de plasmar en un papel todas las experiencias que él tuvo en esta institución. Es un orgullo para todos su existencia y su presencia hoy ”, expresó la presidenta del CPE, Ruth Flutsch.

Con su ropa gaucha y su sombrero en la mano don Gabriel ocupó un banco de la primera fila del salón de actos montado bajo una inmensa globa en el patio de la escuela. Todas las miradas se posaron sobre él. Su presencia fue sin lugar a dudas como tocar el pasado mismo de la institución. Antes había tenido la responsabilidad junto a un antiguo director de izar el pabellón nacional y descubrir la placa conmemorativa del centenario al lado de una réplica en miniatura de la antigua escuela de paja y barro. También tomó en sus manos una vieja campana que seguramente en sus tiempos sonó para llamar a los recreos a generaciones de estudiantes.

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“Yo fui alumno de esta escuela en tiempos en los que estaba el maestro Esteban Videla. La escuelita no estaba ni cerca de lo que hay ahora y los alumnos que veníamos lo hacíamos de a pie. Nací en Pichi Neuquén y desde allá venía caminando unas tres leguas a la casa de una tía. Ella era hermana de mi padre y tenía casa en Naunauco y ahí tenía lugar para estar con ella. Cuando se terminaban las clases me iba para mi casa”, contó don Gabriel con firmes y seguras palabras.

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Una infancia repleta de carencias

Nació un 29 de octubre de 1928 en el paraje ubicado cerca del empalme de la ruta 40 con Huitrín. Sus padres fueron Moisés Rivera y Margarita Avendaño. Creció en medio de otros cinco hermanos, dos mujeres y tres varones. Hoy solo quedan con vida él y un hermano llamado Nicomedes. “Tenía apenas 8 años cuando llegué a la escuela rancho. Acá había poco y nada pero veía que todos le ponían empeño. Pude estar solo un año porque mi viejo padre me llevó para el campo”, recordó don Rivera. Hoy a la distancia, sin odios ni rencores, expresó que “no trabajé nunca de peón en nada más que cuidando animales. Mi viejo padre me manejó para eso y no me dio escuela. Seguí con eso y cuando ya me aparté de él hice el servicio militar en el RIM 21 de Las Lajas y eso me hizo bien y después hice mi capital solo. Siempre estuve en Pichi Neuquén y ahí nació toda mi familia. Tengo 8 hijos junto a mi esposa Leonilda Jara, un verdadero puntal para mi vida”.

“Ese año que estuve en la escuela fue muy duro. Con el tema de la comida era muy difícil y en los inviernos pasábamos mucho frío. Eso lo pasé muy feo y todavía lo recuerdo en mi mente. Ahora veo que no hay necesidad para nada”, recordó. En ese sentido reseñó las dificultades para algunas cosas. “Por ejemplo, la harina era escasa en ese momento. Se conseguía harina en rama que se hacía con el trigo que se cosechaba en la zona y se hacía en los molinos de acá que hoy en día ni se ve ni la conocen. Mi padre hacía tremendas cosechas de trigo en Pichi Neuquén”.

Aferrado a las tradiciones

Don Rivera como todo criancero del norte neuquino sigue aferrado a sus tradiciones y no esquiva la espalda al trabajo. Cuenta aún con una vitalidad envidiable. Todavía hace todas las actividades de campo y cuida de sus propios animales. “No tengo peones y quiero morir al lado de mis animales. Ando a caballo todos los días porque tiene que ser así. Yo soy el dueño de los animales pero al mismo tiempo soy el peón”, resaltó. “Tengo algunas vacas y chivas. Este año nos desarmamos de algunas chivas porque el peón ya no es capaz de rodearlas como quisiera”, dijo entre risas.

Don Rivera actualmente tiene un puesto en el paraje Pichaihue. Allí junto a su esposa siguen desafiando al destino. Crían a sus animales solos y cuentan con la visita periódica de sus hijas Mireya y Nora que les dan una mano con lo que tienen y pueden. Al preguntarle a Mireya que significa para ella su padre, se le hizo un nudo en la garganta y las lágrimas se dibujaron con rapidez en su rostro. Una vez repuesta dijo “es algo inexplicable. A la edad que él tiene para mí y para todos es un orgullo tenerlo tan bien de ánimo y salud. También orgullosa de mi mamá que gracias a ella todos tenemos estudios. Ella sí nos obligaba a venir a la escuela porque mi papá quería seguir el camino que había hecho su padre al no darle estudios. Él quería hacer lo mismo con sus hijos, entonces mi mamá luchó y bueno lo hizo entender y entrar en razón de que un hijo tiene que ir a la escuela para poder defenderse después solo en la vida. Gracias a Dios que lo tenemos con vida y eso es lo más grandioso. Él tiene su conocimiento y se puede desenvolver perfectamente. No es fácil estar en el campo y hacer todas las tareas y él las lleva a cabo solo y bien”, concluyó.

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Sin estudios no somos nada”

Al ver la emoción de su hija, don Gabriel no pudo evitar quebrarse y la emoción le ganó la pulseada. “Cuando mis hijos estaban en la escuela la que venía a verlos siempre era la patrona nomás. Yo quedaba en el campo”, reconoció

Sin embargo hoy a la distancia de aquel tiempo de la escuela de terrón y de piedras, el ex alumno reflexiona: “el estudio es importante. Yo siempre lo recuerdo que hace falta el estudio porque sin estudios no somos nada. Hoy soy un peón perdido. Se leer un poco y escribir que lo aprendí cuando estuve bajo bandera un año en Las Lajas. Igual estoy contento, no siento rencor y porque me voy a amargar que no tengo estudios si no los tuve fue porque mi viejo padre quería otra cosa para mí. Pero tuve la escuela de la vida y un largo camino que me ha enseñado muchas cosas y una de ellas es ser buena persona”. Por último dijo “hoy miro a lo lejos en el recuerdo y se me caen las lágrimas porque las cosas como eran antes no vuelven más. Las nuevas generaciones tienen otras oportunidades para defenderse en la vida no como humildemente me defendí yo hasta ahora”, finalizó.

La Escuela Albergue 70 de Naunauco, creada en 1922, cuenta hoy con estudiantes que provienen de los parajes de influencia como Trailathue, Pichi Neuquén, Colipilli, Agua Dulce y Mina Continental entre otros. Los 30 alumnos se albergan de lunes a viernes, ya que la modalidad es de jornada completa, y contempla los meses desde marzo a diciembre.

Un antiguo director que emocionó a todos

El día del centenario de la escuela de Naunauco la emoción y los sentimientos se conjugaron para erizarles la piel a todos. La historia de antes también se pudo sentir a través de la presencia de uno de los más antiguos directores presentes. Hugo Pompeo Ferrari, un maestro rural que con el peso de su prodigiosa pluma literaria compartió con la concurrencia un escrito que tocó los corazones y arrancó las lágrimas más escondidas. “Ser el hombre que forja al hombre es lo más hermoso que puede ocurrir”, fue parte de la lectura que hizo por espacio de diez minutos acompañado por los acordes de guitarra del reconocido músico zapalino Carlos Denda. “Siempre es bueno venir acá porque a uno siempre lo reciben con mucha hospitalidad, con mucho respeto y mucha apertura, porque eso es la escuela, la escuela somos todos. Uno trata de transmitir lo que siente, lo que sintió”, dijo más tarde en el patio bajo un sol intenso y en medio de unos pinos. Luego recordó que “cuando el maestro que se iba y dejaba su escuela me dijo: "ya vas a ver como se quiere esta escuela" y realmente lo experimenté durante toda la vida. Uno pasa por esa escuela y se emociona, la quiere y recuerda porque es parte de la vida de uno. Yo estuve un año y me marcó a fuego porque fue mi primer trabajo de docente, entonces la sensación de plantarse frente a los alumnos, ser el hombre que educa al hombre, que los marca es tremendo”. Luego enfatizó “siempre digo que el maestro debería empezar su labor en escuelas de campo donde hay más contacto y más amor. Yo estuve en 1968 donde fui director y maestro”. Por último recordó: “esto antes no era nada, después vino Héctor Jofré e hizo maravillas con esto. Yo tenía 19 años cuando vine la primera vez, ahora tengo 72 años. Yo en algunas ocasiones les pagué de mi bolsillo la cascarilla y el pan a los chicos, todas esas cosas compartidas y vividas me marcaron para siempre”.

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Hay ex alumnos que son maestros y auxiliares de servicio en la misma escuela en la que dieron sus primeros pasos en la educación.

Sandra, una ex alumna que hoy es maestra

Naunauco es una tierra del norte neuquino donde el pasado es un aliado del presente. Las historias van y vienen en el tiempo. Aquí todo siempre vuelve. Y así es la historia deSandra Elena Quezada, una docente de 27 años. “Yo fui alumna de la escuela, hice toda la primaria con una base maravillosa y me ayudó mucho a seguir mis estudios. Hoy puedo contar con mis maestros que son mis colegas, los auxiliares que yo tuve son los auxiliares que están en la escuela, así que es un ambiente muy cómodo, cálido y cariñoso. Es un placer venir a trabajar a mi escuela. Hay muchos que fueron mis maestros que hoy son compañeros”.

Sandra se recibió de docente hace tres años en el ISFD 2 de Chos Malal. Y desde entonces trabaja en la escuela de Naunauco en el cargo de celadora. “Estoy a cargo de los dos albergues, de varones y mujeres, mi horario es de 00 a 10:30 de la mañana. Como fui albergada es una tarea fácil porque yo ya sé todo el manejo del albergue y no es algo que me cueste hacerlo, al contrario me da placer venir a trabajar”, contó. Sobre la presencia de don Gabriel Rivera dijo que “es una persona que estuvo en los primeros años y en él se refleja la historia de toda la escuela. Lo felicité y le di las gracias por haber venido. Es una leyenda que aún camina entre nosotros y eso es asombroso”. Para cerrar señaló que “me encanta trabajar acá y si se da la posibilidad la sigo eligiendo, porque fue mi escuela y es mi lugar en el mundo”.

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“En el acto del centenario estuvo toda la comunidad presente, estuvieron además quienes hicieron la escuela, distintos maestros, directivos y alumnos. Es como si en una franja de tiempo o en un simple flash estuvieron los 100 años presentes”, dijo el actual director de la Escuela Albergue 70 de Naunauco, Omar Muzaber.

El actual director que apuesta a crecer

Omar Muzaber, desde hace 3 años es el director de la Escuela 70 de Naunauco, aunque viene trabajando en la institución desde el año 2000 apenas llegado de su mendocina San Rafael. “La escuela ha ido evolucionando en cuanto a los servicios de luz, agua, medios de transporte, comunicación que antes eran escasos. En cuanto a la matrícula, en vez de crecer ha disminuido ya que las familias emigran hacia la ciudad y van quedando menos chicos en la zona rural, igual seguimos apostando a la ruralidad y hay familias jóvenes que apuestan a quedarse en el lugar. Gracias a Dios no hemos pasado por el periodo de que se haya cerrado la escuela”. Agregó que “a la escuela la veo con muchos años de progreso porque está en el espíritu de cada maestro. Cada uno le inculca valores y enseñanzas ya que los niños van a ser el futuro de este lugar y del país. Que puedan apostar a la ruralidad y les den herramientas, y más valores para que puedan quedarse en la zona”. Sobre don Gabriel Rivera indicó que “es la historia viva de la escuela, representa todo, poder a través de él conocer cómo funcionaba todo en aquellos tiempos porque sino están los registros lo tenemos en la oralidad y esos momentos hay que dejarlos registrados”.

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Cien años y una anécdota imperdible

“Allá por los años 70 el maestro Héctor Alberto Jofré decide hacer un piquete sobre la ruta 40 a sabiendas que venía el gobernador de ese momento, Felipe Sapag. Llevó a los alumnos, a la comunidad y le mostró y demostró que hacía falta una escuela albergue y así fue como nació la actual infraestructura y atrás quedaba la escuela rancho que acompañó a otras generaciones. Fue una decisión política a corto plazo presionada por la necesidad de la gente que venía de distancias muy lejanas. Venían a caballo, hasta dos o tres horas de viaje para llegar. Entonces a buena voluntad de los maestros algunos alumnos se quedaban a dormir en sus casas, lo cual no era correcto pero era lo que había. Entonces había una necesidad de buscar una solución. Hasta el día de hoy se sigue manteniendo la estructura de albergue, los chicos están la semana completa y se van el viernes a sus casas”, así contó Omar Muzaber parte de la historia de la escuela. Al final mencionó que “quiero dejar aclarado que en el acto del centenario estuvo toda la comunidad presente, estuvieron además quienes hicieron la escuela, distintos maestros, directivos y alumnos. Es como si en una franja de tiempo o en un simple flash estuvieron los 100 años presentes”.

La Escuela Albergue 70 de Naunauco, creada en 1922, cuenta hoy con estudiantes que provienen de los parajes de influencia como Trailathue, Pichi Neuquén, Colipilli, Agua Dulce y Mina Continental entre otros. Los 30 alumnos se albergan de lunes a viernes, ya que la modalidad es de jornada completa, y contempla los meses desde marzo a diciembre. Además de clases tienen áreas especiales como Huerta y Lengua y Cultura Mapuche.

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