La nueva normalidad que comienza a vislumbrarse en la pospandemia devendrá, inexorablemente, en una nueva movilidad.
Seguramente no se auguran tiempos de prosperidad para el autotransporte de pasajeros en las ciudades. Y Neuquén no será la excepción. Pero el COVID-19 parece empujarnos a todos a utilizar nuevas formas de trasladarnos dentro de las ciudades y los colectivos deberán reformatear drásticamente la forma en que prestan sus servicios.
Seguramente, esa variable deberá ser tenida muy en cuenta en breve cuando el Municipio llame a una nueva licitación para el autotransporte público.
La Organización de Naciones Unidas anunció que, con la llegada del verano al Hemisferio Norte, la nueva normalidad ya tiene en la utilización de la bicicleta una de las soluciones más factibles para la organización de la movilidad urbana.
Su uso (claro está para quienes estén en condiciones de pedalear) cierra la ecuación por todos lados: una modalidad ecológicamente racional, saludable y sostenible. Las principales ciudades de ese continente rápidamente se pusieron a invertir en la ampliación de las redes de bicisendas.
La anterior gestión municipal de Neuquén incentivó a sus empleados a usar la bici para ir a trabajar. 70 de ellos adhirieron a un programa interno el año pasado que tuvo este resultado: en conjunto recorrieron en un año 3893 kilómetros, casi la extensión de Argentina. Otro saldo interesante que dejó la evaluación del programa municipal: entre todos los empleados ahorraron 973 kilos de emisiones de dióxido de carbono (CO2), uno de los gases responsables del efecto invernadero.