La pasión que los chicos despliegan en la cancha, la alegría por una victoria o el aliento entre compañeros tras una derrota serán las mejores fotografías que atesorarán los padres que desde el sábado pasado y hasta el próximo domingo acompañan a sus hijos que juegan la Neuquén Cup, un torneo internacional de fútbol infantil que se realiza hace siete años en distintas ciudades de la provincia.
Esos serán los momentos inolvidables de este torneo que lleva adelante una empresa que, sin dudas, tendrán las mejores intenciones de promover el deporte y la sana competencia pero que no ha podido acomodar los engranajes para una buena organización de un evento que protagonizan 5000 chicos de 9 a 16 años de 260 equipos de Neuquén y Río Negro como también de AFA (San Lorenzo, Racing Club, Lanús) y Colombia.
Las redes sociales fueron las tribunas donde las familias expresaron su bronca porque hasta pocas horas antes de la disputa de los partidos aún no estaban confirmadas las canchas ni los horarios con la incertidumbre de adónde debían trasladarse. A esto se sumaban modificaciones de último momento en los equipos a enfrentarse lo que generaba desconfianza en cuanto a cierta preferencia por algunos clubes. Y acaso lo peor. Una vez fijados los horarios, los chicos debían esperar entre dos y tres horas para jugar. Es incomprensible que chicos de 10 o 12 años jueguen un partido de fútbol pasadas las doce y media de la madrugada o a las tres de la tarde gambeteando las altas temperaturas.
Jorge Valdano dijo alguna vez que el fútbol se ha abierto a una industria y la industria no tiene corazón. Que estos chicos no sean víctimas de esa industria.