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Accesorios de vinos: cuáles comprar y cuáles no

De toda la parafernalia que hay para vinos, algunas cosas son realmente útiles y otras no sirven para nada.

Por JOAQUÍN HIDALGO

Qué tener en cuenta a la hora comprar un accesorio.
 
Accesorios de vino hay muchos: desde envejecedores magnéticos que prometen hacer un Pétrus de un Carcassone a vertedores de cuatro copas al mismo tiempo, para no hablar de sacacorchos exóticos. ¿Es que el tema da para tanto?
Claro que da. En una regalería se encuentra por lo menos la mitad de estas fantasías accesorias. Pero que dé no significa que sean útiles. Cualquiera sea el caso, estos son algunos de los accesorios que vale la pena comprar y otros que es mejor evitar.
 
Decanter: poco útil, pero vistoso. Hablamos de una gran y hermosa jarra, en forma de trompo invertido, construida en puro cristal soplado. Se llama decanter y se usa para vinos viejos, ya que al servirlos las borras quedan atrapadas en su interior y el líquido llega limpio a la copa. Pero como casi no hay vinos viejos en el mercado, el consejo es: en vez de gastar plata en decantadores –arrancan en 200 pesos por marcas nacionales como San Carlos– compre un par de buenas botellas y disfrútelas.
 
Bomba extractora de aire: muy útil. El enemigo número uno del vino es el oxígeno. Cuando aparece, incluso la botella más cara se avinagra rápido. El enemigo número dos, el consumidor que no se termina la botella destapada. Para salvar este último crimen se inventaron hace tiempo unas bombas extractoras. Funcionan como un inflador invertido y las mejores son las holandesas Vacuum Wine Saver, que ahora vienen con un sistema que hace “click” cuando se alcanza el vacío ideal y salvador. No son fáciles de conseguir.
 
Conservadoras de vinos: depende para qué la quiera. Para conservar vinos caros y atesorarlos las mejores son Wine World o Eurocave, que arrancan en 48 botellas, tienen buenos sistemas de frío y no hacen ruido. Eso sí, cuestan uno miles de pesos. El resto, de 12 o 24 botellas Made in China para la oficina o el quincho,  son el peor negocio: no usan compresor, gastan más electricidad y no conservan la temperatura ni la humedad.
 
Sacacorchos exóticos: no sirven. Lo mejor es buscar un típico Gaumen con palanca de doble impulso ($25) que usan los mozos, antes que un Rabbit, uno de planchuelas o neumático más fashionetas pero frágiles. Hablamos de comprar una solución, no un problema.
 
Embudo Oxigenador: lindo la primera vez. Su aspecto semeja al de una turbina de acrílico transparente con un embudo negro en su interior. Cuando el vino desciende por él produce un silbido agudo y constante. Será como usar un silbato o un atrapa miradas. La segunda vez, en cambio, el truco perdió gracia. Como oxigenador funciona, eso sí. Cuesta $160; con estilizado pie de acrílico, asciende a 450 pesos.
 
Envejecedor de vinos: el gran bluef. Si el tiempo es dinero ¿cuánto cuesta ganarle al tiempo 5, 10 o 20 años de añejamiento en un vino? Cualquiera sea el caso, hay dos modelos de envejecedores a la venta en Internet: uno magnético, conocido como “The Perfect Sommelier”, y otro, que al parecer trabaja con ultrasonido, llamado “Ultrasonic Wine Ager”. Cuestan unos 50 dólares, pero no cumplen su promesa.
 
Kit de aromas: lúdico. A la hora de hablar de vinos saber de aromas es un gran plus. El problema es que rara vez se tiene la nariz entrenada para detectar las frambuesas de los arándanos, o la madera de cedro de la del roble. Para conseguirlo existe Le Nez du Vin –el más clásico y completo kit de aromas que hay, de origen francés, con 54 esencias–  que asciende a unos 462 dólares en gattorna.com.ar. Una opción más económica es Spíritu, hecho en Buenos Aires, que viene con 20 esencias típicas de vinos locales, y que cuesta por 500 pesos en aromasdevino.com.
 
Cortagotas: fundamental. El más nimio, barato y fácil de conseguir de todos los accesorios de vino es además el más útil. Se trata de unas láminas circulares de celuloide que se enrollan y ponen en el cuello de la botella formando un pico de borde bien agudo. Ergo, esa gota que siempre arruina el mantel deja de existir. Tres unidades cuestan 25 pesos y tiran un año, de mínima.