Vos vas a jugar en la selección, hijo querido”, le prometía Sara, su incondicional madre, a Marcos Acuña, mientras lo cambiaba para llevarlo a las canchitas zapalinas. La esforzada empleada municipal no se animaba a mencionarle la palabra Mundial porque ya era soñar demasiado. Pero el presagio de la mujer se cumplió e incluso la realidad supera las altas expectativas y el deseo de quien a puro sacrificio y esfuerzo hizo de todo para que el pequeño cumpliera el sueño de ser futbolista. Y hoy Marcos está cada vez más cerca de otra meta increíble: jugar el torneo con el que fantasea todo aquel que ama este deporte. A un sólo paso de convertirse en el primer neuquino en la historia en disputar un Mundial.
Como viene siendo una constante, ayer otra vez el zurdo volante integró la lista de convocados por Jorge Sampaoli, para los amistosos ante España e Italia. Es la penúltima nómina. La próxima será para conocer los 23 que arman las valijas para ir a Rusia. Y todo parece indicar que, salvo algún imponderable, el Huevo ya tendría que ir avisando a su señora María Julia y a sus hijos Mora y Benjamín que por algunas semanas se ausentará de casa por compromisos impostergables. El Patón Bauza fue el primero que confió para la albiceleste en el crack del Sporting Lisboa, que brilló en Racing y en Ferro. Pero acaso uno de los mayores méritos de Sampaoli hasta aquí fue haberle dado confianza en el equipo titular, incluso en posiciones inusuales, como la de volante por derecha que cumplió ante Uruguay.
Doña Sara tenía razón. El pibe, que ya de adolescente iba en moto a entrenar a Don Bosco, juega en la Selección. Hace historia. Y lo mejor está por venir...