En el escritorio de un hermano mayor o tío solterón, una generación de adolescentes de fines de los 70 y principios de los 80 descubrimos el erotismo en las páginas de la revista Playboy.
Así pasamos ese clima donde la represión y la censura no sólo estaban en los kioscos, donde un celofán negro cubría las tapas de las revistas que mostraban cuerpos desnudos de hermosas y sensuales mujeres, sino también en las propias familias.
Cuando en esa plena y tumultuosa adolescencia uno podía acceder a ese "tesoro", disfrutábamos de esas hermosas conejitas. Con el tiempo también fuimos reconociendo una escritura literaria volcada en artículos, relatos y audaces entrevistas donde accedíamos a las confesiones y reflexiones de un Fidel Castro a un Woody Allen, de un Salvador Dalí a un Stephen Hawking.