Mauricio Macri fue al hueso con un ajuste ortodoxo y de resultado incierto. Las ideas parecen no abundar.
El interrogante para entender semejante paquete es dónde está el límite del sinceramiento de la economía y el ajuste impiadoso. La única idea del Gobierno, si es que hay una, es la que se adoptó.
Macri no se sonroja por las críticas ni por el costo de las medidas. Y menos por el impacto de éstas en su imagen presidencial, aun cuando se contradigan con su promesa de pobreza cero. De hecho, la Universidad Católica Argentina advirtió ayer que todo parece ir en dirección contraria. La casa de estudios advirtió de un crecimiento explosivo de la pobreza: en tres meses aumentó un millón y medio la cantidad de gente que vive en esa línea imaginaria de necesidad y carestía.
El Gobierno calibra su gestión con otros indicadores: la obtención de la ley para pagar la deuda a los fondos buitre y el acercamiento de potencias que permanecían distantes de Argentina como Estados Unidos, Francia o Italia.
Se acabó la luna de miel, si es que hubo una desde diciembre hasta hoy. La política sólo sabe de matrimonios de conveniencia.