El filósofo e intelectual orgánico de Carta Abierta, Ricardo Forster, fue designado secretario de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional por la reciente ministra de Cultura, la folclorista Teresa Parodi. Esta estructura, dice el Boletín Oficial, tendrá la “responsabilidad primaria” de “diseñar, coordinar e instrumentar una usina de pensamiento nacional”. Se ignora cuáles serán sus lineamientos. Pero es legítimo sospechar que tendrá más que ver con la construcción de un Olimpo maniqueo al que solo entrarán los probos. Para imaginar a los réprobos, basta con citar la opinión de Carta Abierta sobre la postulación del kirchnerista Daniel Scioli, rechazado por falta de densidad ideológica. Y para ver quiénes serán los probos basta con seguir la línea de pensamiento que apoyó el kirchnerismo con iniciativas demodé, ya transitadas. Allí está el revisionista Instituto Manuel Dorrego, presidido por el historiador y psiquiatra Pacho O’Donnell, que se fundó al calor oficial poco tiempo después de que Hugo Chávez descubriera, a través del muy buen libro del periodista embebido Hernán Brienza, que el “loco Dorrego” había sido clave en el esquema libertario de Simón Bolívar. O’Donnell defendió la “necesidad de una historia nacional” como ahora Forster lo hará con el “pensamiento nacional”, es decir, con el pensamiento que totalice y consagre una idea de “nación”.
Pero Forster construyó su merecida carrera adhiriendo a la Escuela de Frankfurt (investigadores que rescataban a Hegel, Marx y Freud) cuyos postulados sirvieron para enfrentar al nazismo y al stalinismo, por intentar, justamente, totalizar el pensamiento, hacerlo orgánico y “nacional”.