Hizo uso (¿y abuso?) del poder. La más fácil y tribunera. Daniel Angelici eligió ponerse en víctima y responsabilizar a los jugadores de Boca del duro traspié en la taquillera final ante River. Fue al entrenamiento de ayer y les dijo de todo menos “bonitos” a los jugadores.
“Entraron en la historia negra del club, jugaron como en un partido de verano”, les reprochó en la cara, y hasta les advirtió que no le temblará el pulso si tiene que “echar a alguno”. Se despojó del protocolo del dirigente y les habló con la calentura del hincha.
Muchos de los argumentos que esgrimió son reales. Lo que pasa es que falta una autocrítica de su parte, allí cerraría un poco mejor esta trama de replanteos y culpas. Porque así expone únicamente a los futbolistas, que quedan en el banquillo de los acusados, y él parecería que se lava las manos. Y su grado de responsabilidad no es menor.
Pasemos a enumerar algunos errores. Repatrió al hoy flojísimo Carlos Tevez cuando en la mayoría de las encuestas los hinchas se oponían a su vuelta tras el desplante de su partida a China. Al mismo tiempo, le bajó el pulgar al regreso de Ricardo Centurión, al que el Mellizo pedía a gritos más allá de su paso conflictivo (y no menos exitoso) por la entidad.
Construyó una imagen turbia y negativa en el ambiente del fútbol, al que se tiró en contra por sus vínculos con Tapia y la AFA, y eso también a la larga tiene un efecto negativo y se paga caro.
Además, en su gestión River se hizo fuerte en el Superclásico y Boca se apichona, contrariamente a lo que ocurría antes. Claro que él no se pone los pantalones cortos ni patea, pero hay mensajes, decisiones, que juegan en contra e inciden. La de ayer es una. ¡No sos ningún ángel, Angelici!