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Apenas 36 edificios históricos siguen en pie en el centro

El alto valor inmobiliario hace que los que están en manos privadas desaparezcan.
Ana Laura Calducci
calduccia@lmneuquen.com.ar
 
NEUQUÉN
Hay que ahorrar en ladrillos, dice la sabiduría popular. Pero, a veces, vale mucho más un muro derrumbado que en pie. Es lo que viene pasando con las construcciones históricas de la ciudad que quedaron en pleno centro. Poco a poco, la especulación inmobiliaria va ganando la batalla a la memoria y la conservación del pasado. 
En las 144 cuadras de aquel casco histórico de 1904, apenas 36 edificios superan el medio siglo, según los registros del Archivo Histórico Municipal. De esas construcciones, pocas se mantuvieron tal como se veían originalmente. La mayoría sufrió modificaciones importantes y conservan sólo una parte de la estructura original.
Uno de los edificios más viejos en pie es la estación de ferrocarril, que en pocos días volverá a tener el mismo uso que hace 100 años, con la boletería original que congregó a los primeros vecinos. También datan de principios del siglo pasado otros inmuebles vinculados con la actividad del tren, como los antiguos galpones de encomiendas (hoy, sala Fernández Rego) y de máquinas (convertido en el Museo Gregorio Álvarez). 
Que las construcciones más viejas sean de dominio público no es casual, dado que los edificios en manos del Estado o de instituciones con fines sociales son los que mejor soportaron los vaivenes del mercado inmobiliario. Aunque algunos están en un estado deplorable, como la primera usina de la calle San Martín al 600, los inmuebles de uso público difícilmente son vendidos para reemplazarlos por locales vidriados y torres de departamentos. 
Las antiguas casas de familia, en cambio, son una rareza en una zona donde el metro cuadrado edificado a estrenar cuesta varios miles de pesos. De aquel caserío rodeado de médanos que fue Neuquén en sus comienzos, hoy quedan en pie dentro del casco céntrico ocho viviendas familiares, identificadas por el nombre de sus primeros dueños: Portanko, Santa María, Carrera Frea, Brígida Rodríguez, Julio Rodríguez, Mango, Salcedo y Boch. 
También se conservan en manos de particulares el primer edificio de la Unión Ferroviaria y la primera sede del Juzgado de Paz, ambos a unos metros del Parque Central. Además, un poco más alejadas del centro, sobreviven al paso del tiempo las casas de las familias Serrano-Saez y Armas. 
Según consta en el Archivo Municipal, el primer inventario de los edificios históricos de la ciudad se hizo en 1982. Después, entre 1991 y 1998, hubo un segundo trabajo más detallado, que abarcó no sólo el centro sino también los barrios, y dejó como saldo una lista de 49 inmuebles más 4 estructuras arquitectónicas que seguían vigentes.
De esos edificios documentados, un 15 por ciento se demolió en los últimos años. Entre otras construcciones emblemáticas, se perdieron la imprenta y vivienda de Otto Neumann, varias casitas del ferrocarril y la vivienda de la familia Lázaro Martín. 
El primer intento de demolición de la imprenta y vivienda de Neumann quedó a medio camino porque los propios vecinos salieron a defender el edificio. Lo mismo ocurrió con el anfiteatro del Parque Central (antigua fosa circular del ferrocarril), dos veces sepultado bajo los escombros y dos veces desenterrado a pulmón. Son iniciativas momentáneas pero que revelan que, en esta ciudad joven y llena de inmigrantes, hay muchos vecinos dispuestos a apropiarse de la historia de los que les abrieron el camino cuando sólo había una estación de tren y un desierto.