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La Mañana Mundial de fútbol

Aquel faltazo mundial al colegio

Los recuerdos de un partido inaugural de un mundial de fútbol, con Videla en el palco y un empate entre las selecciones de dos países que habían estado en guerra.

Como si fuera un ritual, cada cuatro años y a pocos días del comienzo de un Mundial de Fútbol recreo las imágenes y las sensaciones que tuve a los 13 años cuando el 1 de junio de 1978 falté al colegio para ir a ver el partido inaugural entre Alemania Federal y Polonia en el estadio de River Plate.

Ese jueves fue un día inolvidable para mí porque por primera y única vez ví un partido de un mundial de fútbol. Mi hermano consiguió las entradas por haber trabajado en la empresa que realizó la instalación de la iluminación del estadio de River. Con los años supe que esa empresa creció vertiginosamente favorecida con las obras más importantes que le encomendaba la dictadura militar. Y con los años también supe que a 1.300 metros de donde yo veía al último campeón del mundo y a aquel veloz wing derecho polaco, Grzegorz Lato, la Escuela de la Mecánica de la Armada (ESMA) era el escenario de la maquinaria del horror de la dictadura genocida donde se secuestraba, torturaba y recluían a miles de personas.

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Dos mil alumnos de escuelas secundarias hacían movimientos gimnásticos y coreografías mientras se escuchaba la canción mundialista compuesta por el italiano Ennio Morricone. La ceremonia tenía los aires de las que engalanaron los Juegos Olímpicos de 1936, en el Berlín de Hitler. “Explosión de alegría que inunda el espacio y es la verdadera manifestación de un país que recibe al mundo”, escuché decir por los altoparlantes al locutor oficial del gobierno militar. “Es la confrontación en el campo deportivo y la amistad en el campo de las relaciones humanas que nos permiten afirmar que es posible la convivencia en unidad y en la diversidad. Única forma para construir la paz”, dijo el general Jorge Videla como si estuviera dirigiéndose a una tropa en formación y los aplausos estallaron.

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Lamenté de aquella tarde fría con un sol que se mostraba por momentos y que apenas entibió la ceremonia inaugural era que en Alemania Federal no jugaran el elegante defensor Franz Beckenbauer, el goleador Gerd Muller y aquel marcador lateral izquierdo Paul Breitner, de ideología maoísta, que renunció a jugar el mundial como consecuencia de la dictadura.

El partido fue un descolorido empate sin goles que no dejó emoción alguna por parte de los futbolistas de dos países que habían estado en guerra 39 años antes.

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