Las enfermedades crónicas, producto del estilo de vida y de la mala alimentación, son cada vez más comunes en la sociedad actual. La obesidad se erigió como uno de los grandes flagelos en nuestro país y la enfermedad está íntimamente relacionada con el desarrollo de patologías potencialmente severas.
Sin embargo, la situación es incluso más preocupante cuando se trata de diagnosticar la afección entre los adolescentes: uno de cada cuatro jóvenes no reconoce que la padece y uno de cada tres padres tampoco es capaz de identificarla. En base a las estadísticas de la organización World Obesity Atlas, el 22% de los niños y niñas en Argentina tendrá obesidad en 2030.
Un estudio llamado ACTION Teens, que fue impulsado por el laboratorio Novo Nordisk y presentado en el Congreso Europeo desarrollado en Países Bajos, tuvo en cuenta a chicos de entre 12 y 17 años que sufren las consecuencias de la enfermedad. Al mismo tiempo, también fueron consultados más de 5.000 padres y/o cuidadores y cerca de 2.000 profesionales de la salud. El ensayo permitió dilucidar que dos de cada tres jóvenes creen que toda la capacidad de recuperación recae sobre ellos mismos.
"Es indispensable que los equipos de salud entrenados contemos con información sobre las percepciones y necesidades por las que atraviesan los niños y jóvenes con obesidad, porque es desde esa perspectiva desde donde podremos programar el abordaje, con cada uno de los integrantes, aportando desde su experiencia para poder ayudarlos mejor", comentó Miriam Tonietti, que se desempeña como presidenta de la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN).
Otras investigaciones previas habían sugerido que la tasa de fallecimientos entre los niños con obesidad en comparación a aquellos que tenían valores normales era hasta tres veces mayor cuando llegaran a la adultez temprana.
"Los resultados revelan que los adolescentes quieren mejorar su estado de salud y perder peso. Aun así, muchos acuden a las redes sociales para buscar orientación", remarcó la profesional, quien puso el foco en una de las conclusiones a las que se pudo llegar en el estudio.
El 87% de los médicos reveló, a su vez, que no contaban con un entrenamiento significativo para colaborar con los pacientes obesos más allá de lo aprendido en la facultad de medicina, y exigieron una mayor concientización .