Arranca la lucha contra el alcohol

La decisión de avanzar sobre la problemática del alcohol en Neuquén sin dudas representa un paso hacia adelante. De todas formas, la realidad es compleja, por lo que poner un tope de horario para los boliches y apelar a la tolerancia cero para los conductores invita a suponer que la venta clandestina va a prosperar en la provincia.

Ni bien entren en vigencia estas normas, que implican un intento de cambio cultural, cientos de jóvenes buscarán una alternativa para seguir de fiesta.

En 2006, en Mendoza, hubo una experiencia similar que tuve la posibilidad de cubrir como periodista. A las 4:30 cerraba el expendio de bebidas en las barras de los boliches y una hora después lo hacía el local.
Con esto suponían que los jóvenes no saldrían tan alcoholizados de los boliches. A partir de las 5:30 la ciudad cobraba una nueva vida, con miles de chicos a la deriva. La mayoría se reunía en plazas o en la zona céntrica, donde siempre había un baúl lleno de bebidas. El nuevo escenario fue propicio para las peleas callejeras.

Esa experiencia podría servir de mucho a los concejales y legisladores que trabajan en Neuquén sobre el tema. Partamos de una base: creer que cientos de pibes se van a ir a su casa ni bien cierre el boliche es como esperar que lleguen los Reyes Magos. La mayoría va a buscar alguna alternativa para que la noche se extienda. Con todos los jóvenes en la calle, no hay que ser un genio para suponer que "los piolas" o "los copados" tendrán bebidas de reserva en el baúl del auto. Y seguro no faltarán "los vivos" que funden sus negocios clandestinos vendiendo alcohol a los noctámbulos. Frente a estas propuestas, hay que prepararse para controlar los desbordes.

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