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Arrancó febrero. El mes del amor. El de los Carnavales. El de las vacaciones, para muchos. El de los preparativos para arrancar el año escolar, para otros. El de los cálculos matemáticos y los análisis financieros. No sólo para el equipo económico de Alberto Fernández que buscará renegociar la deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI), cuya misión llegará a mediados de mes, sino también para las provincias -como Neuquén- que comenzarán a estudiar qué plantear a la hora de las paritarias con los gremios estatales. También a la hora de los cálculos, en cada hogar donde haya alguien en edad escolar, habrá que estudiar si renovar el guardapolvos, la mochila o los útiles, si no es que los del año pasado siguen existiendo en algún rincón de nuestras viviendas.
Febrero nos depara sorpresas también. Arrancamos con una puerta cósmica que se repite cada 101 años. El número capicúa que nos sorprendió ayer, significa para quienes una oportunidad para aspectos dimensionales superiores, extensiones de alma y reinstalar el equilibrio completo. Y además, este año el mes más corto del calendario tendrá un día más. Habrá 29, y un plato de ñoquis para compartir, ¿por qué no?
Así es que febrero se convierte en tiempo de renovación, como ocurre en los Carnavales. Tiempo de planificar para encarar de lleno el nuevo año, más allá de que alguno tengo planificadas sus vacaciones en marzo o abril.
Tiempo de enterrar cosas del pasado y dar lugar a nuevos objetivos, pensar en los desafíos que se vendrán. Tiempo en el que comenzará a finalizar el período de “gracia” para el Gobierno de Fernández tras su asunción. Todo eso será febrero y más.