“Arriba el telón”, la magia del cine en el Alto Valle

Las primeras proyecciones se realizaron en bares y fueron parte central del ocio en la región. El papel fundamental de la Asociación Española.

Por Vicky Chávez

El primer bar y cinematógrafo neuquino funcionó en el local de la farmacia de A. Imperiale y Cía. Se usaba un proyector a kerosén.

Neuquén >  Ante la pantalla grande y desde las butacas, la magia del cine permanece intacta. Prueba de ello es la cantidad de espectadores que rieron, lagrimearon o saltaron con los filmes que se ofrecían en las salas neuquinas y valletanas en general.
El cine fue transitando épocas muy difíciles donde se convirtieron en shoppings y los videocasetes sepultaron a los enormes proyectores.
El celuloide llegó a la Argentina al poco tiempo de haber sido lanzado en París. Las películas argentinas se veían en toda Iberoamérica hasta 1950 aproximadamente, porque el paulatino cierre de los grandes estudios, el crecimiento de la televisión y el anquilosamiento del cine popular impusieron otras reglas de juego.
La verdadera industria había surgido con el cine sonoro en 1933. Casi al mismo tiempo nació Argentina Sono Film, con Tango (donde debutaron Libertad Lamarque, Tita Merello y Luis Sandrini), y Lumiton, con Los tres berretines.
A fines de la década del ‘60 el cine color logró representar en una pantalla los verdaderos colores del mundo.

El cine en la región

Estudiosos de la temática consideraron que las fiestas, en la novel capital neuquina, se constituyeron en eventos de práctica colectiva. Eran importantes los corsos que se realizaban en el Bajo, en la calle Sarmiento. De la misma manera, es importante destacar la labor que les cupo a los Clubes Sociales, que fortificaron los lazos entre los miembros de la comunidad.
En este contexto, irrumpió en el Valle de Río Negro y Neuquén el cine como otro elemento de distracción convocante para el pueblo neuquino.
El primer bar y cinematógrafo neuquino funcionó en el local de la farmacia de A. Imperiale y Cía. (sociedad comercial fundada en febrero de 1904). Allí se instaló el Bar Argentino, en el que se jugaba al billar y juegos de salón. También se daban funciones de cine programadas, en las que se utilizaba un proyector a kerosén, los sábados y días festivos. La entrada general costaba 0,50, y las de preferencia 1 peso. Las funciones continuaron hasta fines de 1909, año en el que por cambio en la firma dejaron de operar en ese ramo.

El cine eléctrico

En tanto, el cine eléctrico fue inaugurado por don Alejo Serrano y atendido por su hermano Guillermo. Era un cine con proyector de corriente eléctrica. La función inicial tuvo lugar el domingo 22 de enero de 1911, en el salón del Hotel Confluencia, con servicio de bar y confitería, y se repetía todas las noches.
En octubre del mismo año, el nuevo Biógrafo Gold, instalado en el Hotel Nacional, inició el sábado 21 una temporada de cine, con dos funciones diarias el domingo que se anunciaban por medio de bombas.
Esta etapa del cine mudo se vio reflejada en la velada cinematográfica organizada para el 12 de octubre de 1926 en el Bar “La Alegría”, evento que se continuó con un baile en el Bar “Confluencia” y la función de beneficencia que ofrecieron el 21 de abril de 1924 los empresarios del “Biógrafo Confluencia”.
Posteriormente se registraron en actividad los cines “Odeón” y “Avenida”, a los que se sumará el “Cine Teatro Español”.

La Asociación Española

Cuando la capital neuquina daba sus primeros pasos luego de su traslado, en el año 1904, un grupo de españoles bajo la iniciativa de don Arsenio Martín apeló a la colectividad española para que se uniese y constituyera una sociedad de Socorros Mutuos e invitó a concurrir el domingo 14 de febrero de 1909 al salón Argentina, de Imperiale y Cía., para cambiar ideas y nombrar una comisión.
Luego de esta reunión se eligió una comisión provisoria: Presidente Manuel Linares; vicepresidente, Ramón Zabala; Tesorero Enrique Carro; protesorero, Agustín Fernández; secretario Felipe Santamaría; vocales Francisco Camps, José Zubiri, Leoncia Miranda, Francisco Guerediaga, Lucio S. Apellaniz; Joaquín Muiños, Servando Tablón y Benito Izquierdo, que luego fue reemplazado por Arsenio Martín. La aprobación de los estatutos fue el 7 de marzo. Se había creado la Asociación Española.
Según relata don Ángel Edelman en “Recuerdos Territorianos” fue laboriosa y dilatada la gestión para lograr el local propio. El mérito se debe a las gestiones de Florentino Ferreras y de José Domene Giménez.
La fiesta de inauguración del moderno Cine Teatro Español, que consta de dos plantas sobre la Avenida Argentina, tuvo lugar el 26 de noviembre de 1938.
Por su parte, la Asociación Española de Socorros Mutuos de General Roca también fue obra de la tesonera labor de estos inmigrantes, que se dedicaron al comercio o al trabajo de las tierras.
Parece que tuvo su origen en la confitería “La Sonámbula” de don Timoteo Arias, que antes se llamaba Rivadavia, donde se reunían los vecinos en el bar o a jugar a las cartas. Allí nació la idea de agruparse  en alguna sociedad utilitaria para ayudarse mutuamente. Es así que el acta de fundación data de marzo de 1917. En 1921 se inició la construcción del edificio social de General Roca.  La sala del teatro –que tenía butacas-  fue destinada a cinematógrafo, y su primer concesionario fue don Timoteo Arias, pero no tuvo buenos resultados por la poca concurrencia del público y se lo transformó en bar. Y los sábados, domingos y feriados se pasaban películas a las que el público podía ver desde sus mesas. Se alternaba el cine con la actuación de artistas y compañías.
En 1922 se inauguró en Roca el Teatro Español, construido por la Asociación Española. “Bajo aquel techo oblongo se tejió, durante más de medio siglo, la historia sentimental de nuestras familias”, estableció don Pablo Oreja.
En el mencionado teatro de Roca comenzaba el prestigio del cine, desde los empresarios Timoteo Arias, Esteban hermanos, Buschiera y Arce. Desde “el paraíso”, la casilla de proyección, estampaba en el blanco lienzo, como una linterna mágica, los ojos profundos de Paola Negri, los rizos de Mae West y la voz tabernera de Marlene Dietrich. Aquel viejo teatro de nuestros sueños adolescentes fue derrumbado a mediados de los años ‘70.

Cine de Cipolletti

En tanto, la Asociación Española de Cipolletti fue inaugurada en 1920 y siempre se alquilaron sus instalaciones ya sea para cine como para otro tipo de instituciones
El cinematógrafo es, sin dudas, un entretenimiento de masas. El Cine Teatro Español de Neuquén fue el resultado de la tesonera labor de los miembros de la Asociación estudiada y anunciaba un promisorio porvenir: se transformó en el primero de la provincia. En el contrato firmado con los hermanos Esteban –Domingo, Fortunato y Alfonso- para la explotación del cinematógrafo, la locadora se reservaba ciertos días al año para funciones de beneficencia, en la que parte de la recaudación sería para la Asociación Española. En estas fiestas las películas a exhibir debían ser españolas; tal es el caso de “La reina mora” que había sido ofrecida por la Distribuidora General de Películas de Bahía Blanca; otra cinta “Yo traicioné”, y posteriormente, el 9 de julio de 1939 “El Barbero de Sevilla” o “Suspiros de España” el 14 de diciembre del mismo año.

El presente artículo está basado en un trabajo presentado por la autora en las Jornada de Historias y Cronistas Barriales, llevadas a cabo en la ciudad de Rosario, Santa Fe. 

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