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Asesinatos seriales jamás resueltos de Argentina III: el Estrangulador de Camet

Cinco femicidios entre 2000 y 2004 aterrorizaron a Mar del Plata. Los casos quedaron impunes.

Entre 2000 y 2004, una serie de misteriosos y sádicos crímenes se sucedieron en Mar del Plata. "¿El Loco de la Ruta había atacado de nuevo?", se preguntaron varios, en alusión al supuesto asesino serial jamás identificado y culpado de otros violentos femicidios cometidos desde 1996 hasta (por lo menos) 1998 en la misma ciudad balnearia. Pero tal hipótesis fue descartada rápidamente. Para muchos, los asesinatos no eran obra del ya mencionado y mitológico “serial killer” vernáculo, sino de otro, que tenía una manera distintiva de matar y operaba al norte de “La Feliz”. El mismo que fue bautizado por la prensa como el “Estrangulador de Camet”.

La primera víctima que le adjudicaron fue Marlene Michienzi, una adolescente de 16 años que se había mudado a Mar del Plata junto a su mamá y su hermanita hacía apenas diez días. La última vez que fue vista con vida, la joven le había pedido permiso a su madre para ir caminar por la peatonal del centro de la ciudad, para luego ir a visitar a sus abuelos. Tras horas de desesperación e intensa búsqueda, Marlene fue encontrada muerta el 12 de septiembre de 2000 en un basural ubicado frente a unos acantilados de la localidad de Camet. Había sido violada, salvajemente golpeada y estrangulada. A su vez, su cuerpo semidesnudo presentaba una particularidad: le habían introducido en la boca una bufanda.

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Tan solo tres días después, otra adolescente de la misma edad fue hallada sin vida por la misma zona marplatense. Se trataba de Débora San Martín, quien, al igual que Michienzhi, había sido asesinada por estrangulamiento. Su autopsia, en cambio, no pudo determinar si también había sido abusada sexualmente.

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Marlene Michienzi.

Marlene Michienzi.

El tercer ataque atribuido al Estrangulador de Camet fue, sin dudas, el menos representativo de su presunto raid. Se trata del crimen de Mariana Vázquez, una chica de 23 años oriunda de la localidad bonaerense de Wilde que se había instalado en una casa de verenaeo que su familia tenía en Camet para estudiar Derecho en la Universidad de Mar del Plata.

A diferencia del resto de las víctimas, el cadáver semidesnudo de Mariana fue encontrado el 25 de noviembre de 2000 por su propio padre sobre la cama de la vivienda. El hombre, asustado porque su hija no respondía sus llamados telefónicos, viajó a La Feliz y se encontró con el horror.

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 María Claudia Renovell.

María Claudia Renovell.

Si bien, en un principio, distintos relatos indicaron que su muerte había sido producto de un accidente o un suicidio (las hornallas de gas estaban abiertas al momento del hallazgo de su cuerpo), la autopsia reveló que Vázquez había sido golpeada y, posteriormente, asesinada mediante “asfixia por sofocación”. Al menos, según determinó el informe forense, no había sido violada.

Un perverso asesino en serie que elegía víctimas de un mismo rango etario y fisonomías parecidas, a las que cazaba por el centro de Mar del Plata para después violarlas, ahorcarlas hasta la muerte y descartarlas en Camet.

El siguiente femicidio del caso tuvo lugar el 23 de enero de 2001, cuando María Claudia Renovell, una turista de 31 años oriunda de la ciudad bonaerense de Tres Arroyos, nunca llegó al recital al que, había avisado a sus seres queridos, iba a asistir. Fue violada y estrangulada hasta la muerte, para luego ser descartada en la zona de Camet. Al igual que con Marlene Michienzi, a su cuerpo le habían metido algo en la boca. En este caso, el objeto elegido por el asesino fue un monedero.

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María Leticia Filosi.

María Leticia Filosi.

El quinto y último asesinato adjudicado al Estrangulador fue registrado tres años después. El 10 de mayo de 2004, María Leticia Filosi, de 17, fue encontrada muerta cerca del predio del Ejército AADA 601, sobre la Ruta 11. Había sido violada y estrangulada, y su cadáver también llevaba la “firma” del “serial killer”. En su boca le habían puesto su propia bombacha, desgarrada durante el ataque.

¿Asesino serial o (segundo) “fraude” marplatense?

Ciertas características y similitudes en cada uno de estos asesinatos llevaron a muchos a la conclusión de que los femicidios de Michienzi, San Martín, Vázquez, Renovell y Filosi fueron responsabilidad de un único criminal. Un perverso asesino en serie que elegía víctimas de un mismo rango etario y fisonomías parecidas, a las que cazaba por el centro de Mar del Plata para después violarlas, ahorcarlas hasta la muerte y descartarlas en Camet. Uno que, además, era lo suficientemente ególatra como para dejar su “marca”.

“Creo que es muy probable que se trate de un solo criminal, a excepción del caso de Mariana Vázquez. El resto pudo haber sido obra de un solo asesino, que se las llevaba, las violaba, las estrangulaba y las tiraba en Camet”, le dijo el criminólogo y excomisario Raúl Torre al periodista Rodolfo Palacios en el marco de una nota publicada por Infobae en 2018. La misma opinión fue compartida por varios de los que trabajaron en la investigación, en la cual hasta se llegó a elaborar un identikit de un sospechoso (NdR: en base a la descripción aportada por un testigo que aseguró haber visto a un hombre arrojando el cadáver de María Claudia Renovell desde un Renault 9).

Sin embargo, y al igual que como ocurre con el caso del “Loco de la Ruta”, las certezas no existen y el desconcierto abunda. “No sabemos si estamos ante un asesino serial o ante cinco psicópatas asesinos”, indicó en su momento un investigador. “Quizá hayan sido cinco asesinos. Y alguno de ellos buscó imitar la mecánica de los crímenes para que se los cargaran al supuesto asesino serial del que hablaban todos”, barajaba el mismísimo Osvaldo Raffo, eminencia del campo forense argentino. A fin de cuentas, esa idea de los distintos autores materiales para cada hecho fue la que terminó por imponerse. O, al menos, eso se deduce del rumbo que tomó la investigación, ya que a ninguno de los sospechosos considerados a lo largo del tiempo se los acusó de cometer más que un solo crimen.

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En el caso de Marlene Michienzi, el único imputado fue Pablo Damasco, el hijo de la dueña del departamento que la madre de la chica, Mirta Bassil, había alquilado al instalarse en Mar del Plata. Damasco fue detenido cinco años después del crimen, luego de que el resultado de un estudio de ADN indicara que el semen encontrado en la bufanda que le habían metido en la boca al cadáver de Michienzi era suyo. No obstante, tras dos años de prisión preventiva, en el juicio en su contra se demostró que el análisis del Servicio de Huellas Genéticas de la Universidad de Buenos Aires no era concluyente y quedó absuelto. “De Damasco lo que se comprobó en el juicio es que era un psicópata, pero no se pudo llegar a comprobar su autoría en el hecho. Lo que me explicaron es que el ADN se hizo incompleto y que en su momento lo supusieron culpable por indicios pero no por pruebas. Por eso terminó saliendo: por el beneficio de la duda”, le contó Bassil al periodista Bruno Perrone en una entrevista publicada por el sitio web 0023 en octubre del año pasado. Tras esa decisión judicial, la causa no tuvo avances, ni parece que los tendrá. “En el juicio no me pudieron decir ni dónde se hizo el crimen, ni por qué, ni cuándo. Estoy triste y decepcionada por la Justicia. La muerte la acepto porque es parte de la vida, todos sabemos que vamos a morir, pero yo no puedo aceptar la forma en que muere mi hija y la falta de Justicia, que nadie haya podido encontrar a los autores... Puede ser inoperancia, puede ser complicidad… no lo sé”, expresó en el mismo artículo Mirta.

La investigación del caso de Débora San Martin fue tan o más fallida que la de la primera víctima. La única “punta” que la Policía pareció haber seguido, al menos en un principio, fue el relato de un testigo que dijo haber visto a Débora subirse a un auto blanco deteriorado en el centro de Mar del Plata, a muchos kilómetros de donde apareció muerta poco después. Un sospechoso que coincidía con la descripción y que en el baúl de su coche llevaba ropa interior femenina quedó demorado. Pero cuando se demostró que las prendas pertenecían a su abuela enferma y no se encontraron pruebas para incriminarlo, fue liberado. “La investigación del caso San Martín no se enfocó jamás en la casa donde, minutos antes de su asesinato, la menor había trabajado cuidando a unos niños. Recién en las últimas fojas del expediente se pidió un ADN comparativo entre un pelo hallado en el cadáver y el ex marido de la mujer que había contratado a Débora. En la causa no figura el resultado de ese estudio y años después fue archivada”, escribió Fernando del Río, el periodista que más investigó los femicidios asociados a la figura del Estrangulador de Camet, en una nota publicada por la revista Viva en 2019.

Lo mismo, o peor, ocurrió con el caso de Mariana Vázquez. La escena de su crimen fue minuciosamente analizada. Se determinó que la joven había sido acompañada por alguien de su confianza la noche de su muerte (dos pocillos de café fueron encontrados sobre una mesa dentro del domicilio). Se indagó en su entorno. Pero las autoridades nunca lograron imputar a nadie.

La causa por el crimen de María Claudia Renovell corrió con la misma suerte. La Policía se concentró en encontrar al misterioso hombre del Reanult 9 descrito por un testigo y con el que se elaboró un identikit (que ya mencionamos líneas atrás), pero la búsqueda no prosperó (NdR: se llegó a detener a un sospechoso que terminó siendo liberado por falta de pruebas). La familia de Renovell siempre creyó que el asesino fue un conocido de Tres Arroyos, quien además portaba rasgos físicos que coincidían con el identikit, pero la Justicia nunca lo imputó. “El que la mató fue compañero mío del colegio y cuando salió el identikit hubo muchos en Tres Arroyos que lo reconocieron. La Policía Federal investigó el caso y da perfecto. Cuando él (el acusado por la familia) la va a tirar del auto (a la víctima), se detuvo frente a un taller mecánico, en una zona donde había muchos robos. Entonces, el dueño del taller, por temor a sufrir un hecho, iluminó el vehículo con una luz de yodo y vio claramente cómo el sospechoso sacaba un cuerpo de un auto, pero cuando éste vio que lo iluminaban, subió nuevamente el cuerpo y se retiró rumbo a Camet donde finalmente lo dejó. Con el tiempo, no se supo más nada de ese testigo. Desapareció él y su taller”, contó Luis Alberto Renovell, hermano de María Claudia, al sitio web Tres Líneas en 2013. Y agregó: “Hicimos una serie de consultas y hubo testigos que tuvieron contacto con ella en las horas previas al crimen y la notaron muy nerviosa. Incluso algunos aseguran haber visto a SM (NdR: las iniciales del acusado por la familia) mirando a través de una vidriera los movimientos de María Claudia”. No obstante, el mencionado sospechoso no fue incluido oficialmente en la causa, que terminó prescribiendo sin que nadie fuera enjuiciado: "El fiscal (Oscar) De Niro me dijo 'acá pueden venir 50 personas de Tres Arroyos diciendo que SM es el sospechoso, pero no sirve para nada porque no hay pruebas'", recordó Luis Alberto.

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Identikit del supuesto Estrangulador de Camet.

Identikit del supuesto Estrangulador de Camet.

En cuanto al caso de María Leticia Filosi, si bien la causa pareció estar encaminada en un momento, finalmente quedó sin esclarecerse. Sergio Molina y Fernando Spotter, dos hombres vinculados a la noche marplatense, fueron acusados de captar a Filosi por el centro de la ciudad, a donde ésta había ido a buscar trabajo, para luego violarla y matarla. Fueron imputados cuando su ADN coincidió con el indicado por un informe genético, tras un análisis de muestras encontradas en el cuerpo de la víctima. Pero cuando en el juicio en su contra el ex novio de María reveló que había mantenido relaciones sexuales con ella horas antes de que fuera abusada y asesinada, nuevos análisis tuvieron que ser realizados. Ese estudio posterior encontró también material genético del novio en la muestra por la que se había incriminado a los acusados, y la presunta evidencia perdió validez. Molina y Spotter fueron sobreseídos y se ordenó un nuevo juicio que jamás fue llevado a cabo. Años después, la causa prescribió.

Hoy, a más de 20 años del primero de los casos recapitulados, la impunidad reina y la figura del Estrangulador de Camet sigue vigente, a falta de culpables. “Creo que hablaron de un solo asesino porque no tenían ninguna pista, pero fue irresponsable porque eso generó terror en las mujeres”, consideró Marta Rivero, la madre de Filosi, en la ya mencionada nota de Rodolfo Palacios. Lo mismo opinó Jorge San Martín, padre de Débora, en el mismo artículo: “Lo del asesino serial fue un invento como el del Loco de la Ruta. Dicen que detrás de todo esto hubo una mafia vinculada a la noche, la droga y el sexo. El caso de mi hija fue mal investigado”.

Como en todos los crímenes abordados en las tres partes de este informe, el Estado está en deuda con cada una de las víctimas y sus seres queridos. Ellos sufren día a día y no olvidan, y lo dejan bien en claro cada vez que tienen oportunidad. Como aseguró Mirta Bassil, la mamá de Marlene Michienzi, en la nota de 0223 antes citada: “Esto no se supera ni se acepta”.

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