Esta situación genera bronca en los automovilistas, que muchas veces aceptan porque no quieren perder más tiempo deambulando de kiosco en kiosco ni correr el riesgo de llegar al auto y ver la multa estampada en el parabrisas. Pero a la tercera o cuarta consecutiva, la bronca no permite masticar ni chupar nada que venga de una viveza kiosquera.
Alertados de este enojo generalizado y para evitar el insulto de los clientes, algunos comerciantes se han tomado el trabajo de colocar un cartel con tres palabras: "Pague con cambio". La aclaración no significa otra cosa que abone justo para no ser retribuido con una de esas golosinas pequeñas de colores que se deshacen luego de varios lengüetazos y que entretienen pero no llenan.
Los neuquinos ya están hartos de estas actitudes. Si no son las cajas de los grandes supermercados las que le meten la mano en el bolsillo, excusándose en la falta de cambio o en donaciones que luego harán bajo su sello, son los kiosqueros. Esta situación no se tolera más. Por eso, el mejor remedio es no volverse loco, aceptar el vuelto en caramelos, acumularlos y cuando se junten los $9, pagarles por la tarjeta para estacionar con la misma moneda. ¿O acaso nuestros caramelos no valen?