ver más

“Aunque no haya condena penal, es importante conocer quién mató a Rucci”

Ceferino Reato, autor de la investigación que reabrió la causa por el asesinato del dirigente sindical peronista en 1973, dice que este es un crimen crucial para comprender mejor la historia argentina, pero que el kirchnerismo no quiere que se investigue porque arruina su relato.

Por PAULA BISTAGNINO

El 25 de septiembre de 1973 minutos después del mediodía, un grupo de la organización Montoneros comandado por Juan Julio Roqué asesinó al entonces líder de la CGT, José Ignacio Rucci, en la puerta de la casa de calle Avellaneda 2953, en el barrio de Flores. Con los días, cuando se supo que el dirigente peronista había recibido 23 disparos, sus asesinos rebautizaron el ataque como “Operativo Traviata”, por el slogan de una publicidad de galletitas de entonces que decía “Traviata, las de los veintitrés agujeritos”.
La muerte de Rucci tuvo la intención de ser una represalia de Montoneros contra la llamada “masacre de Ezeiza” y una demostración de poder para Juan Domingo Perón, que había asumido la presidencia por tercera vez dos días antes con un claro vuelco a la derecha. Sin embargo, el crimen generó el efecto contrario y terminó de romper la relación de los jóvenes peronistas con su líder; fue considerado el mayor error político de la organización. Y, a pesar de que se acreditó que la misma tarde del crimen, Firmenich se presentó en la redacción de la revista El Descamisado y asumió la autoría, de inmediato se pusieron a circular dos versiones: había sido la CIA o la Triple A. El crimen nunca fue seriamente investigado y esas dos teorías permanecieron instaladas durante más de 35 años, hasta que en 2008, el periodista Ceferino Reato publicó el libro "Operación Traviata" (Editorial Sudamericana) con la hipótesis -corroborada por datos y testimonios- de que fue Montoneros. La investigación periodística llevó a la Justicia a reabrir la causa; pero, tras casi cuatro años de investigación y luego de confirmar la hipótesis de que fue la organización liderada por Mario Firmenich la que planeó y ejecutó el crimen, el 10 de agosto pasado el juez federal Ariel Lijo decidió archivarla con el argumento de que no fue  un delito de lesa humanidad y por lo tanto prescribió. “Esa es una cuestión jurídica en la que no puedo opinar, pero es muy llamativo que se haya cerrado la causa sin llamar a declarar a Firmenich y al resto de los principales protagonistas vivos de esta historia. Es llamativo pero no casual: al kirchnerismo le molesta que se hable de esto, porque una declaración de un ex Montonero podría arruinar el relato sobre la juventud maravillosa”, dice Reato, actual director de la revista Fortuna (Perfil) y también autor del libro "Disposición Final", en el que por primera vez habló el ex dictador Jorge Rafael Videla.
 
La familia de Rucci apeló la sentencia y la Cámara va a resolver si se reabre el próximo 9 de octubre. ¿Por qué reabrirla si no hay posibilidad de sanción porque el crimen prescribió?
Yo creo que los juicios por la verdad, que buscaron saber qué había pasado durante la dictadura militar, quiénes eran sus responsables, etc. mientras estaban en vigencia las leyes de la Impunidad (Obediencia Debida y Punto Final), fueron muy importantes más allá de que no se pudiera condenar a los militares y policías involucrados. En este caso pienso lo mismo: a mí me interesa la verdad histórica. La Justicia en el sentido de una condena a los responsables es un deseo de la familia Rucci, que comprendo absolutamente, pero que no es mi interés como periodista. Ellos quieren que se lo considere delito de lesa humanidad y dicen que hay indicios del involucramiento de, por lo menos, funcionarios del Gobierno de la provincia de Buenos Aires de aquella época. Pero eso no se sabe, porque tampoco fue investigado por el juez. Y tampoco se sabe si eso alcanza para que sea un crimen de lesa humanidad. 
 
Usted introduce en el libro el “aporte estatal” al asesinato.
Yo en el libro lo que señalo es que a uno de los principales funcionarios del gobierno de Oscar Bidegain, entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires, se le pide un departamento que tenía alquilado con su esposa y que estaba por devolver porque había cambiado su lugar de trabajo a La Plata. Es un departamento que estaba a pocas cuadras del domicilio de Rucci y fue utilizado como cuartel general del grupo comando que hizo el operativo. Se sabe que Bidegain era un aliado político de Montoneros, pero esto no fue investigado por Lijo aún cuando su fallo critica la “escueta investigación judicial” en el momento del ataque que dejó afuera pruebas trascendentales, documentación, registros y testigos de época.
 
En la investigación de Lijo aparece Ernesto Jauretche. ¿Quién es?
Es otro de los que el juez debería haber llamado a declarar y no lo hizo. Ernesto es el sobrino de don Arturo Jauretche y aparece en la causa porque es mencionado por el doctor Manuel Urriza, ministro del Gobierno de Bidegain y hoy presidente del Consejo de la Magistratura. Llamado a declarar, Urriza dice que había varios integrantes de la Juventud Peronista en el gobierno de Bidegain y señala a Jauretche, que era el subsecretario de Asuntos Municipales, como uno de ellos. Según Claudia Rucci, Ernesto Jauretche es mi fuente. Yo a eso no respondo, porque es una fuente reservada. Lo que pasó fue que el año pasado apareció el dato, a través de un lector de mi libro, de que en la biografía de (Rodolfo) Galimberti escrita por Marcelo Larraquy y Roberto Caballero aparece un departamento que era alquilado por Jauretche y su esposa a menos de cuatro cuadras del de Rucci. Es un departamento que había sido alquilado en el ’71 y en el que se reunían él, Galimberti, y otros miembros del grupo juvenil llamado JAEN (Juventud Argentina para la Emancipación Nacional). También hice una nota sobre esto y se la llevé al juez, pero tampoco le dio importancia. 
 
¿El juez acreditó su versión de que Firmenich reivindicó el asesinato de Rucci?
Sí. Lijo consideró probado que esa misma tarde del 25 de septiembre Firmenich fue a la redacción de “El Descamisado” (revista partidaria) y dijo a los periodistas que estaban ahí que habían sido ellos. Uno de esos periodistas era Ricardo Roa, hoy número dos de "Clarín", que ratificó esa información ante el juez. Otro de los periodistas era Ricardo Grassi, que  no declaró porque vive en Italia pero lo dijo en un artículo periodístico. El juez considera probado que fue Montoneros el autor del ataque en el marco de su enfrentamiento con Perón. Por eso el gran interrogante es por qué Lijo no citó a Firmenich ni a  Jauretche, a los que les dedica mucho espacio en su investigación.
 
¿Por qué Montoneros sí reconoce el crimen en lo inmediato pero después lo niega?
Porque el crimen cayó muy mal en las bases peronistas. Pero además, en un principio, este ataque iba a ser parte de una serie de atentados con los que Montoneros quería devolver el golpe recibido en Ezeiza el 20 de junio del ‘73 en lo que se consideró “la masacre de Ezeiza”. Ellos siempre leyeron eso como un ataque de la derecha peronista, política y sindical y querían devolverlo con una serie de ataques, pero al final fue sólo el de Rucci. Si lo firmaban, iba a ser evidente su enfrentamiento con Perón y lo obligaría a tomar medidas contra ellos. Lo que yo digo es que la intención era mandarle el mensaje de que no iba a poder gobernar sin ellos. Pero eso tenía que hacerse de una manera indirecta, porque no podían colocar a Perón en una situación de no retorno a dos días de haber asumido el Gobierno. Esa es la hipótesis con la que el juez se muestra de acuerdo.
 
Es la misma versión que sostiene Juan Gelman, que dice que fue una decisión equivocada de la cúpula por poder y que nada tenía que ver con la construcción del movimiento de masas, y que fue un error.

Si, es la lectura que hacen Gelman y también otros montoneros. En realidad, en aquel momento había una lucha de Montoneros con lo que se llamaba la burocracia sindical que, según Firmenich, era el otro gran sector interno del movimiento que tensionaba para ver hacia dónde se orientaba Perón y el movimiento, si hacia una posición más conservadora o hacia una más revolucionaria. Ahí, ya ahí habían visto la cara más pragmática del líder y sabían que iba a decidir según la correlación de fuerzas, pero creían que podían apretarlo y que en algún momento le torcerían el brazo. Para entender todo el contexto hay que ver también el documento de la fusión con las FAR y la adopción metodológica del marxismo-leninismo. Pero salió mal. Como Firmenich reconoce al año siguiente, el resultado fue inverso: Perón no sólo no se  plegó a ese apriete sino que, por el contrario, inició una limpieza ideológica y política de su movimiento. De hecho, yo considero que la Triple A es producto de este asesinato. 
 
¿Por qué el crimen no se investigó en su momento?
Porque a nadie le interesaba que se investigue. En el caso del peronismo, porque ellos siempre consideraron que los trapos sucios se lavan dentro del movimiento. En el caso de Montoneros, porque era algo de lo cual no podían estar orgullosos porque fue por lo menos un error político. En el caso del sindicalismo, porque había tensiones  entre Rucci y otros jefes sindicales; y los sindicatos también tenían sus grupos de choque armados, por lo que investigar para un lado podía significar que los investiguen a ellos mismos y tanto el ala derecha como la izquierda fueron protagonistas de hechos violentos. Eso explica que nunca más se haya investigado. Porque además tenían el temor de que las investigaciones terminaran perjudicando al propio Perón.
 
¿Y a nivel judicial y policial no pasó nada?
El propio Perón pidió una investigación directamente al jefe de la Policía Federal, que era  el general Miguel Ángel Miguez, pero nunca avanzó. Hace poco, algunos parientes dijeron que fue amenazado con la muerte de sus nietos, pero como Miguez murió no se puede probar. También es cierto que ocurrían muchas cosas en ese momento como para que la Justicia estuviera bien ocupada. Ahora, si uno ve el expediente no hubo siquiera colaboración de la propia UOM en la investigación. Porque el juez llamaba a declarar a los sindicalistas y no iban; con distintas excusas, como que estaban enfermos o que no habían recibido la cédula. O sea que a nadie le interesó que esto se esclarezca.
 
Además de que no se haya investigado, ¿cómo se instalaron y se sostuvieron 35 años las hipótesis de que fueron la CIA o la Triple A?
Ese es un gran interrogante. Tanto la CIA como la Triple A funcionan siempre como una especie de gran caja negra en la que entran todas las hipótesis que no se quieren o pueden resolver. La de la Triple A se cae sola porque recién empieza el 21 de noviembre del ’73, dos meses después del asesinato de Rucci. Y en lo personal, como dije, yo creo que es más bien una consecuencia y no una causa de este crimen.  Pero distintos sectores insistieron aún sabiendo que no podía ser, como a fines de la década del 90 los funcionarios del Ministerio del Interior, que hicieron una interpretación en este sentido que sirvió para que la familia Rucci cobrara la indemnización prevista para las víctimas del terrorismo de Estado. La de la CIA, que el primero en decirla fue Carlos Dante Gullo, en la antesala del despacho de Perón, el mismo día del crimen. Estaba esperando una audiencia con el presidente cuando llegó la noticia. Y él dijo: “Fue la CIA”. También Rodolfo Walsh sostenía esa versión. Digamos que era una hipótesis cantada porque la CIA venía con antecedentes de intervenciones en los gobiernos populares latinoamericanos y del mundo; y estaba el antecedente inmediato del golpe militar contra Salvador Allende dos semanas antes. Pero sólo funcionó porque los distintos actores nunca quisieron investigar este crimen, como tantos otros ocurridos entre el ‘73 y el ‘76.
 
¿Por qué cree que a 39 años genera tanto interés todavía este crimen?
Porque es un asesinato crucial. En Sociología esto quiere decir que es definitorio; que puede hacer que una teoría vaya para un lado o para el otro. Y es historia reciente, que tiene implicancias en el presente. Se juegan ahí cosas que van mas allá del crimen de una persona y que hoy encuentran actores que lo amplifican.

Un crimen político

“Lino apunta su bigote renegrido hacia el fusil FAL; el caño penetra el agujero en forma de siete que acaba de hacer en la tela roja que anuncia la venta de la casa vecina a la de José Ignacio Rucci. ‘¡Perfecto! Desde aquí seguro que le doy en el cuello a ese burócrata traidor’, exclama satisfecho con su tonada cordobesa. Está agachado en una de las ventanas del primer piso y es el jefe del grupo montonero que está por matar a Rucci, secretario general de la Confederación General del Trabajo y pieza clave en el pacto entre los empresarios y los sindicalistas auspiciado por Juan Domingo Perón para contener la inflación, impulsar la industria nacional y volver a un reparto ‘peronista’ de la riqueza: la mitad para el capital y la otra mitad para el trabajo. Un esquema con una mayor participación del Estado, con obstáculos y topes para el libre juego de las fuerzas del mercado, pero dentro del capitalismo”. Así comienza Operación Traviata, ¿quién mató a Rucci?, que va por su edición número doce.