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Basta de tanta hipocresía

Pablo Truffa

Las elecciones tienen mucho de palabrerío y exposición, pero nada de acción. Todo lo que se hace es para buscar votos, algo tan viejo como la discusión de si el huevo nació antes que la gallina o lo contrario. Sin embargo, incomoda ver cómo año tras año ocurre lo mismo y es tedioso tener que soportar a quienes buscan representarnos sin ideas concretas en temas que involucran el futuro de la provincia y que sí le importan a la gente. Es que a ellos solo les preocupa la foto y la palmada del vecino, una costumbre repetida en quienes andan detrás del electorado.
Estamos a poco más de 48 horas de saber quién representará en las generales al MPN y los proyectos se desconocen. Invaden los discursos trillados. De un lado, se pide acompañamiento para seguir lo iniciado en 2007, se halaga al gobernador, a los jóvenes y a las mujeres, pero poco se dice qué se hará en adelante. Del otro costado, solo hay críticas al Gobierno de turno, promesas para Salud y Educación (áreas devastadas en la última gestión de Jorge Sobisch) y se optó, desde lo discursivo, buscar convencer al empleado público, el sector que más resiste a la figura del precandidato de la lista Azul y Blanca.
El futuro es incierto. Y lo es para ambos sectores: si gana el oficialismo, el desafío será potenciar a un Gutiérrez que, si bien hace poco se quedó con la presidencia del partido, deberá demostrar por qué es el elegido. Si el vencedor es Sobisch, habrá que ver si, como marca la historia del MPN, lo acompañan masivamente en las generales y cómo repercute eso en las demás fuerzas. No extraña ver a una provincia expectante por los resultados del domingo. El MPN lo sabe; la oposición también. Por eso ya juega su propio partido con el objetivo de llegar a mayo con chances ciertas de estar en carrera por la Gobernación.