Tratar de dimensionar la importancia, en términos de futuras contiendas electorales, de lo que significa el kirchnerismo "duro", sumado a otro sector de la población que sigue apoyando, con matices, lo que fue el proyecto de país de los últimos 12 años, es aventurado.
Lo cierto es que, con o sin causas judiciales -algunas endebles como la del dólar futuro y otras con más sustento como la de Hotesur/Lázaro Báez-, en la Argentina de hoy no hay un líder que aglutine voluntades del modo que puede hacerlo Cristina. Ni el propio presidente Mauricio Macri, el massismo ni la liga de gobernadores y diputados que pegaron el portazo dentro del FpV concitan algo parecido. A todos ellos ayer los pasó por arriba una remake de la otrora tan vilipendiada cadena nacional, con una figura a la que suponían fuera de combate y que habló más de una hora ante miles de seguidores que transformaron una citación judicial en un acto de relanzamiento político.
Bonadio lo hizo posible o, en todo caso, lo hizo visible.