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La Mañana Hebe de Bonafini

Bonafini, un símbolo, más allá de todo

Su lucha, en los años más oscuros de la dictadura, la sitúan como una referente ineludible de los DD.HH. a nivel nacional e internacional. Las críticas a sus formas o a su discurso no podrán modificar el legado que dejó.

La muerte de la cofundadora de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, generó una repercusión nacional e internacional que sólo alcanzan quienes se erigen como referentes de una época, que marcan un camino y que dejan huella.

Su vida se transformó a partir del 8 de febrero de 1977, cuando Jorge Omar, el mayor de sus hijos, fue secuestrado en su domicilio de 24 y 56, en la ciudad de La Plata. Ya nunca volvió a ser la misma. Esa ama de casa, despreocupada por la política, se convirtió desde ese día en una referente de la lucha contra la dictadura más atroz y sangrienta de la historia argentina.

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A la desaparición de Jorge se sumó luego, en diciembre, la de su otro hijo varón, Raúl Alfredo, de 24 años. Al año siguiente, el 25 de mayo, fue secuestrada su nuera, María Elena Bugnone, esposa de Jorge. Los tres militaban en el Partido Comunista Marxista Leninista (PCM), una fuerza política revolucionaria pero que no tenía vinculaciones con la lucha armada.

Desde ese entonces comenzó el peregrinar de Bonafini y de tantos otros familiares de desaparecidos por juzgados, comisarías o cualquier dependencia del Estado para pedir por el paradero de sus seres queridos. Nunca obtuvo respuesta. De ahí surgió la necesidad de organizarse y el germen de lo que luego fue la Asociación Madres de Plaza de Mayo.

Puso el cuerpo, como tantas otras madres y abuelas, en años en el que dar una vuelta a la pirámide de mayo frente a Casa Rosada podía costar la vida. Lo hizo con convicción y sin claudicar. El retorno de la democracia en 1983 originó diferencias entre los propios organismos de derechos humanos. Algunas madres cuestionaron las formas y manejos que Hebe tenía de la asociación y se separaron para crear Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora. Esas diferencias también las marcaron las Abuelas de Plaza de Mayo y se profundizaron a lo largo de los años. A Hebe se la cuestionó muchas veces por sus formas pero también por sus dichos, algunos desafortunados, y se la vinculó con el escándalo de “Sueños compartidos”, un plan de viviendas por el que se denunció un desvío de fondos y que involucraba a Sergio Schoklender, en quien Hebe confió la tarea de construir esas casas.

Pero más allá de estas cuestiones, lo que la figura de Hebe de Bonafini deja es un símbolo por la verdad, la memoria y la justicia en un país que aún sigue juzgando los crímenes de lesa humanidad.

Su nombre referirá por siempre a la lucha contra la etapa más oscura de nuestra historia.

En 1984, en ocasión de una charla con estudiantes de un colegio secundario en Buenos Aires, un chico le preguntó a Hebe si no creía que, quizá, los militares tenían sus razones para hacer lo que hicieron. A lo que Hebe contestó: “Si hubiesen tenido razón, no habrían llegado encapuchados, de madrugada y por los techos, para llevarse a mis hijos”.

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