Este papelón macrista no puede ser atribuido a las vilezas de la herencia recibida en el mundo del delito.
Esta impericia de novatos expuso sin necesidad al presidente a dar una felicitación por la captura de "los prófugos", cuando era solo uno el apresado. Y mutó la inicial sensación general de alivio en asombro y desilusión. ¿Pagará alguien los platos rotos de este apuro por comunicar lo que no pasó?
Este papelón no puede ser atribuido a las vilezas de la herencia recibida en el mundo del delito, esa siniestra conexión narco-penitenciaria-policial-política que permitió a los funcionarios explicar sin pestañear la fuga de tres asesinos de un penal de máxima seguridad, las entretenidas visitas a familiares y amigos en un conurbano supuestamente vigilado a cara de perro, el tour en camioneta de casi 600 kilómetros desde Quilmes hasta Cayastá, y los fajos de dólares que dicen que llevan como parte de la ayuda exterior.
Este episodio deja ver, en cambio, un agujero negro del macrismo: nació en el poder con un vínculo incierto y frágil con las fuerzas de seguridad. Está claro que no es la mejor manera de enfrentar al nefasto submundo de la droga, que -como sabemos- atraviesa y corrompe la materia.