Era esperado el anuncio de ayer. Y Macri capitalizó el suspenso. Está seguro de que el nuevo esquema de Ganancias será aprobado por el Congreso con una amplia base de consenso, vital también para dar señales al frente externo en donde los inversores aún miran con dudas las chances del presidente de administrar con éxito su gestión con un Parlamento desfavorable.
Pero el Gobierno no debe confundir la euforia contenida de quienes esperaban el anuncio. La agenda de temas a resolver está asfaltada de problemas. El más complejo: la inflación.
Si Macri no comienza el segundo semestre del año con los precios más o menos controlados, la olla volverá a tener la presión al límite. De momento no hay señales convincentes de que el equipo económico pueda articular medidas consistentes en materia de inflación luego de la salida del cepo. Y es probable que, aun teniendo alguna receta, la factibilidad de su ejecución no sea del todo efectiva si antes no teje los consensos necesarios.
Los anuncios de ayer eran esperados, pero están todavía lejos de despejar los problemas más urgentes. Aún el país necesita reglas de juego serias, y con semejantes niveles de inflación es poco probable que cualquier plan llegue a buen puerto.