Un día después de que la ruidosa caída de River oscilara entre el batacazo y el papelón, el Real Madrid pasó caminando y sin despeinarse a la final del Mundial de Clubes. El campeón de Europa cumplió con los pronósticos ante el de Asia (Kashima), pero no habrá definición soñada porque el que no estuvo a la altura fue el rey de América. La decepción millonaria confirma una tendencia que se acentúa en cada competencia intercontinental: el preocupante dominio de los representantes del Viejo Continente es cada vez mayor. Este 2018 que ya expira ofreció dos claras muestras de ello. En el Mundial de Rusia, los cuatro semifinalistas fueron europeos. Y ahora, Sudamericana vuelve a mirar por televisión una final importante, en este caso la que consagrará al campeón mundial a nivel clubes.
De todos modos, la autocrítica debe hacerla no sólo el fútbol argentino, que al menos acaba de protagonizar una definición toda propia en la máxima competición del continente, sino el fútbol sudamericano en su conjunto.
El Mundial de clubes, otra demostración de las grandes distancias que hay con el Viejo Continente.
Capaz de nutrir de estrellas a las grandes potencias del planeta como el mismo Madrid o el Barcelona, a la hora de la verdad los de esta parte del universo hacen agua. Dicen al buscar alguna excusa que es porque el fútbol se equiparó, pero lamentablemente la interpretación no se ajusta del todo a la verdad. Porque los europeos siguen marcando diferencias abismales, a ellos nadie les hace sombra ni los emparda. O sea que los países emergentes y que más crecieron le dan pelea a los sudamericanos pero no tienen chances contra los que reinan hace rato. Como tampoco las tienen los de acá. Triste pero Real.