La necesidad de acercar los ídolos populares a la política (para hacerla más creíble, ahorrar dinero en instalar un candidato y sumar votos ajenos) no es nueva. Menem lo hizo, en los “recordados” ‘90, y Palito Ortega y Carlos Reutemann llegaron a ser gobernadores. Antes, en otras tierras, un tal Ronald Reagan fue el hombre más poderoso del planeta luego de ser estrella de cine. Los ejemplos sobran, acá, allá y en todas partes. Acá, sobre todo, de la mano de Mauricio Macri, muy afecto a sumar caras conocidas a sus listas de candidatos. Su hombre en Neuquén, Horacio Quiroga, tiene casi convencido a Camilo Echevarría para que encabece la lista de diputados en la dura batalla del 26 de abril. Casi, porque el propio piloto campeón del TC Pista en 2014 no quiere ceder a algunas presiones y duda.