Caminá con la mochila menos pesada de la vida: la de los viajes

¿Pasás las horas bajo presión, con el estrés de lo cotidiano? Cuando puedas tomarte unos días, probá salir con lo puesto.

Viajar con la mochila a cuestas es una experiencia súper enriquecedora. La sensación de libertad, de planear tus propias rutas, de conocer gente nueva, de compartir experiencias y encontrarte con vos misma... Son muchas las ventajas de viajar de mochilera y más si te sentís agotada y estresada. Andar con lo puesto es una buena forma de meter un cambio y librarte de las otras mochilas, esas que no se ven pero que pesan una enormidad. Olvidate por unos días de estar “perfecta” para caminar imperfectamente feliz aunque sea por un tiempito.

Una aventura diaria

Viajar de mochilera conlleva dejar a la improvisación muchos aspectos del viaje. Alojamiento, transporte, ropa... por eso cada día será una experiencia nueva de la que además seguro que sacarás un gran aprendizaje y experiencia para los siguientes días del viaje.

Cuando tomás las rutas habituales de los mochileros, es una gran ventaja encontrar en el camino a mucha gente que está igual que vos. Algunos tendrán más experiencia y otros menos, pero de cualquier modo la vivencia te unirá.

Y, aunque parezca una contradicción, también vas a tener tiempo para conectarte con tu interior, hacer un poco de introspección casi sin proponértelo y liberar todo el estrés que llevás incorporado. Relax y más relax, para descansar la cabeza y también para estar mentalmente óptima para enfrentar cualquier imprevisto o situación no planeada que se te ponga por delante en tu viaje. Si además te gusta practicar meditación o hacer ejercicios de yoga, eso también colaborará a tu despeje.

Contacto con la naturaleza

El viaje de mochilera difícilmente se haga sin recorrer asfaltos y empedrados. Normalmente las rutas tienen que ver con el contacto con la naturaleza. Visitar parajes naturales, conocer la fauna y flora de determinadas zonas, playas, montañas o diferentes culturas, te permitirá estar más en contacto con ese aprendizaje. Olvidate de que el eje de tu viaje sea visitar ciudades y edificios tradicionales, y apuntá al turismo aventurero en el que puedas experimentar muchas otras vivencias únicas o, al menos, poco habituales. En esto también cuenta dejar a un costado las oficinas de turismo o los guías. Porque parte del encanto está en elegir y descubrir, aunque no siempre sea la mejor elección. Al día siguiente tenés revancha.

De todos modos, si no querés que tu viaje sea puro azar, podés armar alguna hoja de ruta basada en el consejo que recibirás en una oficina de turismo o chusmeando blogs de viajeros o de mochileros experimentados. Incluso, una vez en el lugar, charlando con los vecinos podés encontrar el mejor de los consejos para que el plan del día sea inmejorable. Hagas caminatas, practiques deportes o simplemente te sientes a mirar el paisaje. La mochila del viaje nunca pesa tanto como la que cargás el resto de los días del año. Hay que aprovechar entonces.

¿Cómo manejar el dinero?

Viajar sin plata es imposible, pero en un tour de mochilera tampoco ayuda llevar demasiado dinero. Además, no es la idea. El objetivo de un viaje así es que sea bello, exótico y austero. No una austeridad franciscana, pero sí una que te permita siempre elegir lo natural. Una hostería sobre un hotel; algo cocinado por vos sobre el fast food o el restó. No gastar sin sentido es parte del atractivo del viaje.

A la vuelta, contá cómo te fue

A la vuelta del viaje, aun sabiendo que estás a punto de regresar a tu rutina, las experiencias acumuladas resultarán ser energías también, que ayudan a paliar la resaca lógica del regreso. Contá tu viaje, repartí tus conocimientos y mostrá fotos. Te hará feliz al recordarlo.

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