El clima en Neuquén

icon
24° Temp
46% Hum
La Mañana Ñorquinco

Caminar por un bosque de araucarias incendiado

A fines de diciembre de 2013, un incendio arrasó más de 3.400 hectáreas de bosques nativos en Ñorquinco. LMN recorrió la zona afectada, con araucarias y demás especies totalmente devastadas por el fuego.

“Aluminé: incendios ya quemaron cientos de araucarias”, fue el título de la nota que publicamos en aquellos calurosos días de diciembre de 2013. “El primero de los incendios se ubica en la zona del lago Pilhué, jurisdicción del Parque Nacional Lanín y allí trabaja personal de Incendios, Comunicaciones y Emergencias (ICE) y cerca de doce personas de Aluminé…”, describía uno de los párrafos.

Fines de enero de 2014. La tristeza y la impotencia invadían cada rincón de la Escuela 72 de Lonco Mula-Ñorquinco donde por esas horas unos veinte chicos deberían estar en clase. Pero no. Desde hacía unas semanas, la escuela se había convertido en la base del Comité de Emergencias que se constituyó a partir del inicio de los incendios forestales que con toda su furia se desataron en diciembre y arrasaba día tras día con cientos de hectáreas de bosque nativo en proximidades del lago Ñorquinco.

Te puede interesar...

“Parecía que había reventado un volcán”, fue lo primero que escuché cuando, con el fotógrafo (Bruno Tornini), llegamos a la zona afectada mientras a nuestro alrededor un grupo de brigadistas apresuraban su preparación para dirigirse a uno de los cerros para combatir las llamas. La persona que describió aquella comparación era John Cuiñas, coordinador del Sistema Provincial del Manejo del Fuego, a quien conocía por teléfono ya que era quien todos los días nos daba información acerca de lo que acontecía con el incendio mientras lo cubría desde la redacción del diario. Una tarde se tomó la decisión de viajar hasta la zona del incendio.

Cuiñas contaba con más de veinticinco años de actividad en este tipo de siniestros, pero éste era el incendio más complicado en que haya tenido que actuar porque la velocidad del fuego era impresionante, explicó. “Solo podíamos mirar y tratar de rescatar y salvar a los pobladores y esperar un poco para poder entrar a la zona del siniestro y atacarlo”, describió.

p22-23-f02-soci(SCE_ID=476249).jpg

Algunos brigadistas, a los que les había llegado el tiempo del descanso, contaban que en algunas ocasiones tenían que salir de la línea de fuego para no quedar atrapados e incluso quedaron combatientes del otro lado, cercados por las llamas.

Fui testigo del intenso trabajo durante toda la jornada que llevaban adelante docentes, auxiliares de servicio, directivos, choferes y familiares de los alumnos de la escuela para asistir a los brigadistas y al personal de distintos organismos comprometidos por la emergencia de un incendio que aún estaba lejos de controlarse. Todo este arsenal de personas, entre otras tareas, preparaban las viandas que los brigadistas llevaban al terreno donde se combatía al fuego, además de la comida para el almuerzo y la cena destinada a los que estaban a cargo de la logística del operativo.

Entre esa legión de voluntarias conocí a Vilma Jofré, directora de la Escuela 72, que cinco meses antes no pasaba por su imaginación que se iba a encontrar en medio de esta emergencia. Había llegado a Ñorquinco proveniente de la ciudad de Centenario. “Ahora la situación es de emergencia pero lo que más me preocupa es qué va a pasar con las familias que viven acá y sobre todo con los puestos que perdieron sus campos de invernada y veranada porque no va a haber pasturas para los animales. Esto es un desastre”, describió mientras miraba por la ventana de la cocina de la escuela a los brigadistas que se subían al helicóptero para llegar a los puntos más calientes del incendio en uno de los cerros. Cerca de la directora, recuerdo a Javier Cuevas, uno de los pobladores afectados por el fuego. El hombre pudo salvar a sus animales, resguardarlos y ayudó a otros crianceros a sacarlos de sus campos. En su mirada de desazón todavía quedaban las imágenes más tristes, la de muchos animales que murieron quemados.

p22-23-f04-soci(SCE_ID=476247).jpg

Sin duda estar en el lugar de los hechos me permitió contar con una dimensión más real del siniestro cuyo fuego quemó más de 3.400 hectáreas de bosques nativos, haciendo desaparecer árboles milenarios de araucaria, ñire, roble pellín y coihue.

La recorrida que hicimos con el fotógrafo, guiados por uno de los integrantes del Comité de Emergencia, por uno de los cerros afectados por el incendio fue una experiencia inolvidable en mi carrera periodística. A pesar de las dificultades por las que debíamos atravesar para llegar al cerro y así estar lo más cerca posible, con todas las precauciones del caso, del accionar de los brigadistas que trabajaban sin descanso para retroceder el fuego unos tres kilómetros hacia la línea de una picada de la zona del Rehue, una zona sagrada para los mapuches donde hacen sus ceremonias religiosas. Hicimos ese complicado trayecto, donde máquinas y topadoras fueron abriendo camino para la llegada de los brigadistas. El panorama a nuestro alrededor era de lo más entristecedor: araucarias y demás especies totalmente devastadas por el fuego, mucha ceniza y mucho rescoldo -brasa encendida y activa- de unos 30, 40 centímetros.

Entre los combatientes que no paraban ni un segundo de avanzar hacia las zonas calientes estaba Juan Pereira, del Parque Nacional Nahuel Huapi, que había ubicado una motobomba cerca de un arroyo que largaba agua, y unos metros más allá Pablo Ovalle hacía más de diez días que estaba en la zona y desde las 6 de la mañana había ingresado al bosque intentando contener el incendio, mojando algunos focos secundarios. Sus rostros reflejaban la frustración que siente un brigadista por no poder frenar el fuego. “Miramos el lugar y nos da mucha tristeza, mucha impotencia, nos corren las lágrimas porque se está perdiendo este hermoso bosque nativo, milenario”, me confesó entre lágrimas uno de los brigadistas, al que le faltaban muchas horas para descender del cerro y ser contenido por esa legión de voluntarios solidarios que desplegaban diversas tareas en el interior de la escuela.

BT-Zapala-Incendios forestales en Lago Ñorquinco-22012014 (67).JPG

Unos días antes de nuestra cobertura en el lugar había caído una lluvia en la zona de Aluminé que ayudó a la tarea de los brigadistas y había provocado una cuota de optimismo al resto de las personas comprometidas para combatir este incendio. “La lluvia ayuda, pero no es la que apaga el fuego”, afirmó desde su experiencia Cuiñas.

“Lo único que se me cruza en la mente es apaciguar el fuego para que no se queme más bosque. Después una tiene tiempo para pensar en todo esto, sentir esa mezcla de impotencia y tristeza al ver un bosque nativo tan hermoso y tantas araucarias quemadas”, fue lo último que mi grabador tomó de las palabras de Viviana Garau, brigadista del Parque Nacional Laguna Blanca de Zapala, una de las pocas mujeres que conformaban las cuadrillas que llegaron a Ñorquinco, minutos antes de empezar su tarea en los cerros cerca de las 6 de la mañana, como todos los días de aquel comienzo de 2014.

El aire se tornó negro, el fuego parecía absorber cada una de sus palabras.

A mediados de abril se informó que el incendio iniciado el 29 de diciembre de 2013 en la zona del Lago Pilhué cercana a la localidad de Aluminé había sido extinguido. Durante tres meses se llevaron a cabo intensos trabajos de búsqueda de puntos calientes, realizando la correspondiente guardia de ceniza. Según el relevamiento efectuado por la provincia, se quemaron 3.453 hectáreas de bosques nativos; y participaron de las tareas de combate más de 500 personas pertenecientes a una veintena de organismos. La zona afectada más extensa se registró entre los lagos Pilhué y Ñorquinco, a la altura del paraje Ruca Choroy.

p22-23-f07-soci(SCE_ID=476244).jpg

Lo más leído

Leé más

Noticias relacionadas

Dejá tu comentario