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Cansada de la oficina, irrumpió en el centro neuquino con su Vivero Café boutique

Naiana Chierici habló del movilizante proceso que la llevó a confiar en un cambio de vida con un atractivo emprendimiento ubicado en Roca 191

Somos tiempo, las horas que se escurren mientras corremos para alcanzar postas cotidianas, la eterna mirada hacia los objetivos a largo plazo. Somos los minutos que no tenemos, las postergaciones en loop, la prisa eterna, el curioso parate al que no damos lugar por la esclavitud del reloj, el acelere autómata que pasa por alto los detalles y que se embala perdiendo su razón de ser. Somos los desayunos a las apuradas, los almuerzos salteados, la llegada tarde, los eventos que nos perdimos, los abrazos que no dimos, el mimo de una taza humeante y llena de calma que no nos permitimos. Somos la sorpresa ante la década entrante en una torta de cumpleaños y la pregunta que acorrala cuando se mira hacia atrás.

Somos también esa pausa que nos pone en jaque y - en algunos casos - el coraje de pegar el volantazo para emprender un camino respetando nuestro propio ritmo, lejos de las exigencias, los mandatos, los miedos y la presión social.

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La historia de Naiana Chierici y de Blume, el vivero café boutique que abrió en pleno centro de Neuquén, tiene esa cuota de adrenalina, valentía e inspiración. La épica de quien va detrás de su deseo. Justamente una contadora -una mujer de números- que prefirió resolver la ecuación de su vida sin poner en primer lugar el factor económico o - mejor dicho - que decidió darle valor a su tiempo.

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"Siempre trabajé en empresas. Estuve mucho tiempo en la rama del sector de la fruta y en la pandemia implosionó una idea que venía dando vueltas desde hace tiempo. Me agarró diciendo 'tengo 42 años, ¿voy a seguir con este tren de vida?'. Un día en un semáforo, saliendo de mi casa, me pregunté: '¿voy a seguir tomando este camino durante 20 años más? ¿Voy a seguir parando en este semáforo, doblando a la izquierda para pasar el lomo de burro y la rotonda que ya sé y estacionar al lado del mismo árbol, tal como lo vengo haciendo hace 9 años?'", contó Nani en diálogo con LMNeuquén, mientras que la entrañable voz de Ella Fitzgerald detenía el tiempo, haciendo aún más bella la soleada mañana de un viernes con aroma de café.

"Mi vida venía organizada semanalmente desde hacía 16 años", dijo la ex empleada de Dole Food Company al recordar que su ritmo circadiano estaba marcado por los cierres y balances que hacía para la multinacional estadounidense. Un tarea que disfrutaba, pero que no la terminaba de colmar, más allá de la proyección, la estabilidad económica y el ameno ambiente de trabajo potenciado por el entorno natural y el cantar de los pájaros.

"En un momento pensé en irme a una empresa más grande pero luego dije: 'no'. Era empezar otra vez, con el estrés que significa y ¿para qué?; si lo que en verdad quería era tiempo. Luego pensé: 'Sigo con lo mío y lo magnifico. Pongo un estudio'. Pero tampoco me cerraba. Como a mi me gusta ver la profesión, el camino no era viable. Significaba trabajar con mucha gente para poder tener el poder adquisitivo que tenía en ese momento. Después me pregunté: ¿busco el mismo poder adquisitivo?'. Fue mucho más profundo a dónde tuve que llegar hasta decir: 'quiero salir de esta carrera de ambición que tenemos humanamente porque siempre hay un paso más adelante. Siempre hay algo más: un puesto laboral mejor, una casa, un auto'. Fue así como me di cuenta que lo que quería no era ganar más, sino tener tiempo para vivir, para que todos mis días sean maravillosos, para poder ir a un acto de mi hijo y que no suceda absolutamente nada. Para poder ir a visitar a mi mamá, porque tenía el dinero pero no el tiempo", planteó la santafecina que hace unos años atrás terminó formando una familia en Neuquén luego de abandonar su San Lorenzo natal, la localidad santafesina, ubicada a 23 kilómetros de Rosario.

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Naiana está feliz de compartir su día a día laboral con Sofía, su amiga y compañera en Blume.

Naiana está feliz de compartir su día a día laboral con Sofía, su amiga y compañera en Blume.

"Ahí empecé a estudiar, el mundo del café es enorme. Hay una diferencia muy grande entre el café tradicional y el de especialidad, que es la excelencia misma. Aprendía a distinguir aromas, a saber cuando un café está bueno o no, por qué un café te cae mal o no y todo el proceso del grano", sostuvo.

La elección del espacio para dar rienda suelta a su vivero-café boutique le llevó un año. Un año de búsqueda, de entusiasmarse con lugares que luego evidenciaban sus debilidades y disonancias con su idea. Al principio pensó en Cipolletti, hasta que un amigo -el arquitecto Federico Forestier- le hizo ver que el retorno de la inversión sería más favorable en Neuquén.

"Yo viví en un departamento durante mucho tiempo. Justamente cerca de acá. Por eso sé que, cuando sos citadino, los lugares que te dan un poquito más, terminan siendo tu lugar. Por eso pensé en hacerlo en el centro, en el medio del centro. Un lugar donde, de la puerta para afuera esté el cemento, el quilombo. Y que puertas adentro sea un oasis. Y que todos los que viven alrededor (en el piso 7, en el 11) puedan venir a disfrutar de un lugar que no tienen. Un lugar distinto. Un lugar con energía, luz, plantas. En el que te podés venir a comprar una maceta o una planta y de pronto te tomás un café o no", manifestó haciendo referencia al local -ubicado en Roca 191- que da la bienvenida con un vergel y sorprende en el fondo con un ambiente rústico pero cálido, lleno de cáctus y un exquisito toque decorativo, ideal para charlar y compartir.

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A seis meses de levantar las persianas, Naiana no puede dejar de celebrar el balance positivo. "Desde que renuncié empecé a vivir de otra manera. Acá empecé respetando mis propios ritmos. Todo fue a pulmón y Blume creció o se hizo conocido con el boca en boca. No hice publicidad, porque necesitaba capacitarme y sentirme segura de que iba a poder dar respuesta. Por eso elegí no tener cinco mesas en la calle, porque sentía que necesitaba afianzarme. Ahora sí llegó esa etapa. Yo creo en la excelencia y considero que Neuquén también necesita eso. Fue todo un desafío, muy pensado. Arranqué con una bolsa de 40 kilos de dudas y la devolución de la gente fue maravillosa. Este lugar es muy intimista y la gente del barrio se súper apropió", subrayó, al tiempo que valoró compartir la aventura con Sofía, su amiga, quien también trabaja en el proyecto.

"Es muy difícil salir del sistema, de la matriz y animarse a confiar en vos y tu idea. Darle impulso a eso para mi fue tremendo. Cuando se lo comuniqué a mi ex jefe, se quedó con la boca abierta. Me preguntaba: '¿A dónde te vas?'. Y no podía creer que no me fuera a otra empresa o que me vaya pero no a poner un estudio. No podía creer que le dijera que no quería vivir más así, que quería poder desayunar con mi hijo. Mi hijo no sabía lo que era almorzar conmigo", señaló.

"Blume es la culminación de una idea filosófica que tiene que ver con que el sistema nos absorbe, que es difícil salir. Yo soy madre y profesional y eso no combina muy bien. Yo creo que podemos trabajar y vivir a otra velocidad. Nada de lo que pasa afuera es tan inmediato ni tan importante. Hay cosas que son urgentes, desde lo pragmático y lo cotidiano, pero no son importantes", concluyó.

Blume está ubicado en Roca 191. Abre sus puertas de lunes a sábado de 10 a 20.

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