ver más

Carlitos pagó la deuda del hincha

Fue, lejos, el Superclásico más cambiante de los últimos años. Lleno de errores y de goles, de momentos de quiebre, de jugadas que torcieron la balanza hacia un lado cuando parecía inclinarse hacia el otro. Fue, también, el partido que esperaba Carlos Tevez para sentirse lo que es: un jugador que hace la diferencia, que puede llevar a su equipo a la victoria en duelos importantes, que modifica todo con una corrida, una acción, un gol.

Suena extraño, pero el último ídolo que tiene Boca en las canchas se sentía en deuda justo contra el rival de siempre, en esos partidos que fabrican idolatrías. Su único gol ante River lo puso en la historia, con la “gallinita” que sirvió para ganar un duelo de semifinales de Libertadores, nada menos, en un Monumental que explotaba de riverplatenses. Pero aquella noche lo expulsaron porque se excedió en el festejo cuando le ganó el hincha, en una muestra de lo que sería su autocrítica durante toda la previa al choque de ayer, cuando, por fin, el jugador le ganó al fanático.

Y lo hizo por goleada. Porque Tevez, tirado atrás, como le gusta en este Boca, marcó la diferencia cada vez que tocó la pelota. A veces, sus compañeros le sacaron provecho, como en el gol de Bou. En otras no. Y cuando el que podía definir fue él, mostró su clase, esa que lo llevó a ser ídolo en cada equipo en el que jugó, esa que había generado una ilusión inmensa por su vuelta inesperada, en plenitud, llenando la Bombonera sólo para recibirlo y agradecerle.

Ahora, tras pagar su deuda, a Tevez le queda por delante otro gran desafío. Sentirse como se sintió ayer en un 2017 en el que no habrá Copas para entusiasmarse. Tendrá que apelar a su amor por la camiseta para rechazar la multimillonaria oferta del fútbol chino. Al revés que ayer, deberá ganarle el hincha al jugador para aumentar su idolatría.