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Casas sin ladrillos, una opción en crecimiento

El alto precio del sistema tradicional, que ronda los $5 mil por metro cuadrado, abre puertas a alternativas más económicas. Una de ellas es el barro, donde la demanda ya desbordó a los pocos expertos de la región.

Neuquén > Empujados por los altos costos del sistema tradicional que oscilan los mil dólares por metro cuadrado, cada vez más neuquinos se animan a vivir en una casa sin ladrillos, una alternativa que permite abaratar hasta un 40 por ciento el valor de la obra y está abierta al diseño de formas geométricas caprichosas. Dentro de este rubro incipiente, dos opciones son las que atraen más adeptos: el barro -o tierra cruda- y la construcción en seco.
Si bien las viviendas de barro sin cocer no son una novedad, el uso del material se renovó con la aplicación de técnicas modernas, que combinan los conocimientos ancestrales con la arquitectura ecológica. En este caso, como se requiere de poca mano de obra, la elección del método suele ir acompañada de la autoconstrucción, sin necesidad de contratar a terceros. Y, según Raúl Macedo, uno de los principales referentes en construcción con tierra de la zona, “también el esnobismo hace que hoy en día interese un poco más”.
En costos, el metro cuadrado con este material no llega a los 3 mil pesos y, en obras sencillas, la casa puede costar hasta la mitad de una vivienda de ladrillos. Sin embargo, el barro presenta algunos inconvenientes, como la dificultad de encontrar albañiles capacitados para proyectos ambiciosos y ciertos reparos a la hora de hacer trámites por la falta de normativas sobre este tipo de casas.
Existen construcciones en barro dentro de Neuquén capital, en los barrios Alta Barda y Mercantiles, así como en La Herradura y Cipolletti. “De las viviendas que se hicieron, tuvimos problemas con el gas más que nada, con la luz y el agua no, pero sí en el gas, porque mandan que sea de cemento, así que esa parte se hace de manera tradicional”, explicó Macedo.
Contó que también los sorprendió el mismo problema con un proyecto en Fernández  Oro, donde les cuestionaron desde el municipio que el tipo de construcción no estaba contemplado en las ordenanzas. “No se entiende, porque está permitido que te hagas una casa de nylon y chapa, pero parece que llama más la atención si la hacés de barro”.
 
Técnicas en práctica
En total, hay más de una docena de técnicas distintas. Las más usadas en la región son la “quincha”, con varas de madera en diagonal o palets, y la romboidal, que usa de soporte el alambre tejido.
    En todos los casos, se arma la base y se sostienen la estructura con columnas de tronco, salvo si se construye con modulado directo, donde el barro se mezcla con cemento y se coloca en bolsas alargadas hasta lograr una figura similar a un iglú. El revoque fino se hace con aceite de lino doble cocido, que impermeabiliza la pared.
 
Sobre la posibilidad de albergar insectos en las paredes, indicó que se trata de “uno de los mitos más grandes en esto y lo que más pregunta la gente”. Añadió que “los insectos, como la vinchuca, albergan en cualquier agujero, no hace falta que sea tierra, y no entran en una pared compacta que además tiene un revoque”.
 
Acero y yeso
Otra alternativa al ladrillo es la construcción en seco o con placas de durlock, que copia el modelo de casas estadounidenses. Esta opción logró un despegue en los últimos años a partir de la aplicación de la técnica de “steel framming” (esqueleto de acero galvanizado), con la que se reemplazó la estructura de madera de las viviendas norteamericanas por una variante más resistente.
En este caso, una casa estándar de 100 metros cuadrados cuesta aproximadamente 360 mil pesos, casi un 30% más barato que el sistema tradicional. También se puede conseguir la vivienda prefabricada a un costo aún menor.
Las construcciones en seco enfrentan el mito de ser endebles, pese a que permiten viviendas de varios pisos y, con la incorporación de lana de vidrio, logran una aislación de los ruidos similar al sistema tradicional.
Entre los puntos a favor, además del precio está el diseño, dado que estas casas admiten habitaciones de distinto tamaño entre una planta y otra, falsas vigas y aberturas curvas. También cuentan con el beneficio de que la obra dura unos tres meses y las reparaciones o modificaciones posteriores resultan mucho más sencillas que el ladrillo.
La desventaja es que las firmas dedicadas a este rubro en Neuquén cobran el trabajo prácticamente al contado, por el escaso tiempo que lleva hacer la vivienda. “Eso ocasiona que, si bien es más barato, está el obstáculo de que la persona tiene que tener toda la plata para empezar a construir y muchos dependen sí o sí de un crédito”, contó Marcos, de la empresa Durplaquen.
Señaló que, al igual que otras firmas de la zona, trabajan con “una demanda bastante importante que va creciendo, sobre todo en departamentos para venta o alquiler; en nuestro caso, tenemos una consulta por día, aunque no todas terminan con la contratación para hacer una casa”.