El sistema resultó efectivo: sus bíceps pasaron a medir unos 64 centímetros. Este crecimiento desmedido de sus músculos le valió el sobrenombre de Hulk entre sus conocidos.
Con los meses, Romario se hizo adicto al synthol. “Si lo tomás una vez, te aseguro que habrá una segunda”, dijo. La dependencia fue tal que se inyectaba el aceite varias veces por día.
Mientras sus músculos crecían, también se solidificaban.
Los médicos le advirtieron que la única alternativa posible para solucionar su problema era “extirparle” los brazos. Sin embargo, no lo hicieron y lograron extraerle los cristales de synthol que le habían crecido en los bíceps.
Ahora, dos años después de este trágico suceso, Dos Santos quiere que los deportistas conozcan los riesgos de inyectarse sustancias peligrosas para aumentar sus músculos.