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Caso Ávalos: el desvío a la Triple Frontera

La Policía convenció a don Asunción de que Sergio había sido secuestrado por una viuda negra y era utilizado como mula. Esa incursión nunca se asentó en el expediente. Revelamos las pruebas del viaje que pagó Jefatura y ¿Las Palmas?

La historia de la desaparición forzada de Sergio Ávalos continúa aportando datos que permiten detectar una trama de complicidades para desviar la investigación. Las sospechas escalan hasta la Policía y los propietarios del boliche Las Palmas, el último lugar donde fue visto el estudiante de la UNCo el 14 de junio de 2003.

El caso Ávalos es un sinfín de detalles que, como en un rompecabezas, hay que acomodar en forma correcta. Esa tarea es la que viene permitiendo entender acciones y dinámicas de cada uno de los actores de esta intriga que lleva 19 años.

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Mula en la Triple Frontera

Tras la desaparición de Sergio, la familia Ávalos debió afrontar experiencias nuevas no queridas, no deseadas, pero tan infranqueables como dolorosas.

Don Asunción se puso a la cabeza de la búsqueda y acudió a cada sitio donde se rumoreaba que estaba Sergio. Además, como en casi toda desaparición, llovieron llamados telefónicos brindando información de todo tipo que hubo que constatar.

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El dato de la viuda negra que lo sedujo, lo sacó del boliche y lo trasladó a la triple frontera de Argentina, Paraguay y Brasil apareció en la investigación a las pocas semanas.

Lo que parecía ser un nuevo intento por desplazar la responsabilidad del boliche —recordemos que su dueño, Pedro Nardanone, lo primero que dijo fue que Ávalos nunca estuvo en Las Palmas— se fue transformando en una suerte de obsesión para don Asunción.

¿Quién se encargó de hacer germinar esa teoría de la Triple Frontera? La Policía.

¿Los policías que estaban trabajando de consigna en el boliche? No, los que tenían a cargo la investigación.

La trama de esta desviación no es nueva, ya LMN narró parte de ella, pero ahora surgió que esa incursión, bastante imprudente por parte de la Policía, nunca fue informada en el expediente y tampoco se solicitó rendición de gastos. Estos elementos nuevos que aportó don Asunción a sus abogados querellantes Sergio Heredia y Leandro Aparicio serán presentados en la causa que sigue la Justicia Federal por la desaparición forzada de Sergio Ávalos.

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La desesperación y el engaño

Si don Asunción Ávalos ha pecado en esta causa fue por desesperación y por confiar por demás en la Policía y la Justicia. Él mismo asume que tendría que haber puesto un querellante de fiar que lo guiara y controlara la investigación. Con el paso de los años, fue advirtiendo que lo usaron.

“La Policía me metió en la cabeza que se lo había llevado una viuda negra y que a los jóvenes los trasladaban a la Triple Frontera, donde los utilizaban como mulas para el contrabando”, recordó don Ávalos, que a sus 89 años sigue en búsqueda de justicia.

Lo que no sabía don Asunción era que la actividad criminal en la Triple Frontera no giraba en torno al secuestro y explotación de jóvenes del interior del país.

Existía todo un entramado criminal entre fines del siglo pasado y principios de este donde las principales actividades eran el contrabando de cigarrillos, autos, piratería intelectual y objetos falsificados. A esto se sumaban el tráfico de droga y la trata de blancas. Las organizaciones de trata secuestraban chicas adolescentes de las ciudades lindantes con la Triple Frontera y, en el caso de Argentina, las trasladaban a Córdoba y Mendoza para luego derivarlas a la Patagonia.

“Eso se lo explicamos, pero don Ávalos era muy insistente con lo de la Triple Frontera y quería ir a constatar”, confió una fuente judicial que estuvo desde el primer momento en la investigación.

Lo único que figura en el expediente es una comunicación del 5 de septiembre de 2003 en la que el departamento de Seguridad Personal, que auxiliaba a la fiscalía, da cuenta: “Atento a la información que llegara a esta prevención de parte de la Dra. Sandra González Taboada, que dice entre otras cosas que ‘el joven Sergio Daniel Ávalos se encuentra con vida, está siendo utilizado como mula en la zona de la Triple Frontera, se encontraría con identidad falsa y estaría bajo amenaza de muerte’”.

En el parte oficial se pedía la intervención de Gendarmería Nacional para que hiciera las averiguaciones del caso, pero en ningún momento se solicitó desde fiscalía que una comisión viajara a la Triple Frontera, y menos poniendo en riesgo al familiar de una víctima.

Pero todo se gestó con personal de la Policía. Don Ávalos recordó: “Yo les dije que iba a ahorrar dos sueldos para viajar, pero después el jefe de Policía me financió el viaje y me puso un chofer y una camioneta para hacer toda la excursión. Eso sí, me dijo que yo le tenía que dar un detalle del recorrido”.

Recordemos que al momento de la desaparición del estudiante oriundo de Picún Leufú, el jefe de la fuerza, Juan Carlos Lezcano. En diciembre de 2003 asumió la conducción de la Policía el comisario general Walter Cofré.

Algunas particularidades para tener en cuenta: no se viajó en un vehículo oficial y los fondos utilizados por la Policía salieron de una caja reservada que manejaba Jefatura con discrecionalidad, es decir, sin la necesidad de rendir cuentas.

Una sospecha que sostiene la querella de Ávalos es que a esos fondos para ejecutar la maniobra distractora se les habría sumado dinero de Las Palmas.

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El viaje

La incursión a la Triple Frontera se realizó tras cumplirse el primer año de la desaparición de Sergio. Don Asunción, nacido y criado en Misiones, conocía el territorio, por lo que sus intenciones de ir a constatar los rumores no eran descabelladas para él, y más por el drama que atravesaba.

El policía que lo acompañó fue Daniel Quiroga, un sargento primero de la Oficina de Análisis de Comunicaciones. Este sargento, el 19 de junio de 2003, remitió al jefe de Seguridad Personal la nota 032 O.A.C en la cual informaba del análisis realizado sobre la cinta VHS entregada por el boliche a los investigadores. Dicho video, sobre el cual brindamos un detalle de lo que muestra y demuestra, fue observado por Quiroga sin detectar absolutamente nada.

“Quiroga fue el que filmó la inspección ocular y allanamiento del boliche. Esas grabaciones no están en el expediente, por lo que hemos hecho un requerimiento para citarlo a declarar en la causa”, confirmó el letrado Sergio Heredia.

En su raid por la Triple Frontera, Ávalos y Quiroga hicieron base en Posadas, en un hospedaje del Círculo de Suboficiales y Agentes de la Policía de Misiones.

“La Policía neuquina se manejó con la de Misiones porque era la forma que tenían de distraerlo a Asunción sin levantar sospechas y encubrir”, aseguró Heredia.

Dos Asunción manejó el dinero y Quiroga, la camioneta. Con el paso de los días, el policía pretendía asumir el control de gastos y hubo unas desavenencias que terminaron con Quiroga pegando la vuelta a Neuquén y don Ávalos solo y a pie por la Triple Frontera.

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¿Aparece Sergio?

Antes de que Quiroga volviera a Neuquén, ya habían visitado los puestos de Gendarmería y Prefectura en la zona de frontera con Paraguay y Brasil con un panfleto de muy mala calidad que exhibía el rostro de Sergio. No hubo ninguna novedad, pero después de que se fue el sargento surgió un episodio estremecedor.

Don Ávalos, acostumbrado a caminar mucho, hábito que mantuvo hasta hace poco, se acercó hasta el puesto de Prefectura en Posadas y ahí uno de los efectivos le recomendó que fuera a ver al jefe de la Policía de Encarnación, en Paraguay.

“Fui y le conté en qué andaba y el jefe le ordenó a uno de sus efectivos que me llevara a una cárcel de Encarnación. Ahí, el jefe de la cárcel me dijo que habían tenido detenidos a cuatro muchachos vagabundos y uno de ellos se parecía al del afiche de mi hijo”, recordó Asunción.

“Luego me aclaró que ya los habían pasado al penal de Asunción del Paraguay. Así que al otro día viajé a Asunción, pero como no estaba el jefe del penal tuve que volver a Posadas, donde yo dormía, y al otro día volví a ir”, detalló Ávalos.

“Al día siguiente, en el penal de Asunción del Paraguay, me recibió el jefe de la cárcel y me dijo que a tres de los muchachos ya los habían dejado libres. Le pedí que me dejara ver al que había quedado, aunque fuera en el patio o detrás de un vidrio, pero le dije que necesitaba verlo para saber”, contó.

Quien conoce a don Asunción sabe que es un luchador tenaz, por lo que explicó todo lo que había atravesado hasta llegar a ese lugar del mundo.

Entendiendo el sufrimiento y la emergencia de don Ávalos, el jefe de la cárcel dio la orden de que trajeran al muchacho que había quedado detenido.

“Cuando lo veo entrar por una puerta lateral, coincidían la estatura, el corte de pelo, la fisonomía y el brazo izquierdo no lo movía mucho. Le pregunté el nombre y me dijo que se llamaba Sergio Daniel Ávalos Ulloa”, recordó todavía estremecido don Asunción.

El joven terminó siendo un ciudadano chileno con características muy similares a las del estudiante neuquino desaparecido en el boliche Las Palmas.

“Tuve dos emociones muy fuertes, alegría porque no era Sergio y tristeza porque continuaba la búsqueda”, confió don Ávalos.

Un dato no menor es que desde la Justicia neuquina se pidió información vía Interpol sobre el joven Ávalos Ulloa. Ese pedido está en el expediente, pero no se da cuenta de la historia que hay detrás.

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Caer en la cuenta

“Al volver de esa excursión por la Triple Frontera, entendí que la Policía me había llenado la cabeza y que tuvo como finalidad desviar la investigación de la desaparición de Sergio”, recapituló don Asunción.

El hombre que hoy pisa los 89 años hizo un silencio y reflexionó: “Me voy a morir pobre y me gusta esta parte del estatus humano. Si yo hubiese sido de dinero o vinculado al poder, lo más seguro es que no habría pasado lo que pasó. ¿A qué hijo de rico le pasó algo acá en Neuquén?”.

“La acción de autorizar el viaje y recorrer la Triple Frontera fue toda una forma de seguir paso a paso lo que yo hacía. Buscaba un dato o una información de Sergio porque me metieron en la cabeza que había sido víctima de una viuda negra”, reiteró Asunción.

Tras el regreso de la Triple Frontera, don Ávalos tuvo un encuentro con el jefe de la Policía, Walter Cofré, al que le comunicó, tal como habían pactado, las novedades del viaje.

Una particularidad muy interesante: Cofré nunca exigió una rendición de gastos. De hecho, esto es lo que alimenta la teoría de que todo fue financiado con fondos policiales o que hubo aportantes interesados en que el desesperado padre saliera de la provincia.

De hecho, don Asunción guardó cada recibo de ese viaje hasta hace poco porque no querían que le reclamaran nada.

Esas facturas convertidas en un rollo y agarradas con unos elastiquines permanecieron escondidas en la casa de los Ávalos y luego cuando se fue a vivir solo a la chacra, siempre las tuvo con él.

Ahora, serán incorporadas a la causa, una forma de aportar algo más de información sobre uno de los intentos de desvío de la investigación.

Esas facturas dan cuenta de que el viaje a la Triple Frontera no es ninguna invención de un padre que reclama justicia. ¿Qué más hace falta en esta historia para entender la trama?

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