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Cenizas en la 40, castigo bíblico

Daniel Capalbo.

Mi primer contacto con las cenizas lo tuve en Núñez, en 2011, en el balcón de mi casa. Y me pregunté: ¿tanto puede afectar esto a la gente? Hoy, camino a la cordillera, me di cuenta de que es uno de los castigos bíblicos. Salimos a las 15 con el fotógrafo Fabián Ceballos y fuimos filmando cómo se oscurecía el paisaje. En Plottier se veía hasta 500 metros. En Arroyito, a 300 metros. Cuando llegamos a Zapala, a 100 (dicho por el policía del retén). Ahí apareció el primer obstáculo: caía ceniza como una garúa, bajé del auto para negociar que nos dejaran pasar por la Ruta 40, que estaba cortada. Bajo nuestra responsabilidad, nos dejaron. Apenas entramos a la 40 ya no se veía a cinco metros. Teníamos que bajar, y ver por dónde iba la ruta. En ese tramo ya había una capa de 5 cm de cenizas. Veníamos totalmente solos. El auto echaba una estela larga hacia atrás. Cuando llegamos al puente de Picún Leufú la capa tenía 10 cm. Me enteré de que había un río porque me lo dijo mi compañero. Cada media hora nos cruzábamos con un camión, le hacía mil luces y, cuando pasaba, quedábamos tapados en una montaña de cenizas. Varias veces me bajé para darme cuenta de que no sólo estaba en el carril contrario, sino en la banquina contraria. Así hicimos los 230 km hasta Junín. Tardamos 4 horas, llegamos pasadas las 21:30. Junín estaba iluminada y con 10 cm de cenizas. Fue como meterse en una nube en un avión, y sin piloto automático. Llegué con la boca pastosa, los dientes me rechinaban, el pelo duro como busto de Sarmiento. Salí con un auto negro y ahora está color Nesquik. Toda el agua mineral la gasté en los vidrios del auto. Pero el drama es que no se ve nada.