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Centenario tiene un amigo fiel que levanta suspiros

Es Patroklos, un ovejero alemán reproductor premiado por su genética.

Adriano Calalesina
adrianoc@lmneuquen.com.ar

NEUQUÉN
Patroklos se mueve agazapado con la destreza de un campeón. Saca la enorme lengua y, un poco ansioso, rodea con hidalguía los trofeos que su dueño acomoda para la foto, como si fuera un mecánico gesto que denota obediencia y orgullo.
Su nombre está inspirado en aquel guerrero amigo de Aquiles durante la batalla de Troya, señalado en la Ilíada de Homero. Pero el ovejero alemán poco entiende de la historia antigua. Más bien, responde a un patrón de conducta modificado por la genética.
Sus padres, abuelos y bisabuelos (y la larga ascendencia) vienen siendo tratados en distintos criaderos para modificar el carácter. Se busca el perro más versátil, como un jugador de toda la cancha que esté dispuesto a atajar y hacer goles a la vez.
Patroklos, con solo un año y medio y poco más de 30 kilogramos, ostenta el título de mejor reproductor de toda la Patagonia, algo inédito en su clase en la región.
Sus caderas están como caídas, pero el can no está enfermo. Por el contrario, es producto de diez años de búsqueda. El viejo “perro policía” aparecía como “un cuadrado”, sin la inclinación rastrera de sus patas traseras.
Su dueño, Guillermo Sandoval, cuenta que ejerce más esta actividad como un hobby que como un negocio. Es que los viajes dentro del país, la preparación de los perros y el costo de la crianza implican mucho tiempo y miles de pesos en alimento y tratamientos.
El hombre tiene 22 perros propios y solo dos cachorros de dos semanas que están a la venta. Ofrece el servicio de reproducción, por la costosa genética que carga Patroklos, que tiene fama de perro obediente, ordenado y juguetón.
El criadero (también premiado en el último concurso nacional de esta raza) está ubicado en una recóndita chacra de Centenario. Allí, Guillermo y su esposa Marcela trabajan con los canes por la tarde, luego de terminar sus asuntos laborales en el Estado neuquino.
“Con esta raza teníamos un problema. Era muy miedosa, así que empezamos a trabajar para equilibrar el carácter. A este le tirás un petardo y no se asusta. Un perro no tiene que ser agresivo, tiene que estar dispuesto a defender a su dueño”, comenta.
El ovejero aparece como “el perro más fiel del mundo”, para los fanáticos de la raza que viene desde principios del siglo XX, cuando en Alemania se buscaba un perro para pastoreo de ovejas. Fue desde entonces que comenzó el manejo de la genética.
“Los perros traen su instinto básico. Esta raza lo que tiene es que el temperamento es equilibrado: si tiene alguna situación de estrés, va a reaccionar como un guardián, pero terminado el inconveniente, vuelve a la normalidad”, explica Guillermo.
El criador no teme para nada a la mala fama de los “perros peligrosos”. Por el contrario, asegura que con una buena crianza, poco puede suceder de esas historias de canes que le devoran el brazo o la mano al dueño y que se “vuelven locos” de un segundo para el otro.
“Con un perro que está atado en el fondo de la casa, bueno, vas a tener un problema. Si alguien nunca tuvo un perro, no es recomendable que tenga un rottweiler de entrada, porque es una raza muy dominante”, comenta.
Dentro de la crianza hay leyes inquebrantables. Los perros tienen prohibido cruzar el cerco. Su mundo es libre, pero dentro de ciertos parámetros que puedan controlar. A pesar de ello, reciben el afecto de todos y los 22 reconocen la voz de mando de sus dueños.
Guillermo no tiene caniles, sino que la mayoría duerme adentro de una vieja casona de chacra, que muy frecuentemente tienen que limpiar. Igual, todos los perros son ordenados. Saben cuáles son los lugares para comer y defecar, como para no complicar la tarea a los dueños. La reja se cierra y detrás del alambrado una jauría ansiosa esquiva los flashes de una cámara. Como si esa parte de la película aún no estuviera procesada dentro de su perfecta genética.