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Cerró el negocio, se quedaron sin trabajo y donaron la mercadería

Un gesto solidario en tiempos de crisis.

En tiempos de crisis la solidaridad asoma la cabeza, y un comercio cipoleño es el mejor ejemplo de esto. Pese a cerrar sus puertas, y dejar a dos empleadas en la calle, decidieron donar cientos de kilos de pescado a las familias más necesitadas de la ciudad. Los comedores de las tomas 2 y 10 de Febrero recibieron decenas de cajas de filet de merluza, pez ángel y palo para alimentar a los niños de ambos asentamientos.

No pudieron soportar la carga impositiva y la caída del consumo, y los dueños del reconocido Mini Market, ubicado en La Esmeralda 947, tomaron la drástica decisión de cerrar sus puertas. Estuvieron tres semanas liquidando todos los productos al costo, pero fue mucha la mercadería que no se logró vender. Las hermanas Belén y Vanesa Pascual, ambas madres solteras y ahora también desocupadas, tomaron la iniciativa y le propusieron a sus patrones donar la mercadería sobrante a los asentamientos y comedores comunitarios.

“Teníamos más de 500 kilos de pescado, bolsas de garbanzo, sal y té, y pensamos que hay muchas familias que están necesitándolo. Recordamos que había una mujer que nos dejó el teléfono para que la llamemos cuando habían superofertas porque compraba comida para comedores, y ella nos hizo el contacto con Cristina Villanueva, una mujer que colabora con los merenderos de las tomas. Ella se acercó sin problema, y transportó los alimentos hasta el barrio”, explicó Belén. La joven colaboró ayer también en la entrega de más productos para que los repartan en los asentamientos 2 y 10 de Febrero. Belén, con dos hijos a cargo, y su hermana Vanesa con cuatro pequeños, esperan encontrar un nuevo trabajo lo antes posible para poder solventar los gastos cotidianos.

Cristina, la encargada de la distribución de los alimentos, explicó que repartió las cajas entre más de mil familias y dos merenderos. “Fui golpeando casa por casa, y hacíamos la entrega junto a un vecina teniendo en cuenta la cantidad de personas que integran el grupo familiar. Son todos hogares muy necesitados, y había mucha sorpresa mezclada con alegría cuando recibían la comida. Al ser productos congelados pueden mantenerlo mucho tiempo en el freezer, y cocinarlo cuando sea necesario”, relató la mujer, orgullosa de lo que está haciendo a pesar del difícil momento que está atravesando.

Ayer por la tarde, las tres mujeres se reencontraron en el local para trasladar las últimas cajas que quedaban y entregarlas en los comedores.