El invierno astronómico comenzará este 21 de junio en Argentina. La explicación detrás de los eventos que determinan el cambio de las estaciones.
Mientras millones de argentinos se preparan para recibir oficialmente el invierno, un fenómeno astronómico marcará el inicio de la nueva estación durante la madrugada del sábado 21 de junio. Se trata del solsticio de invierno, un evento que ocurre una sola vez al año y que da lugar al día con menos horas de luz solar y a la noche más extensa del calendario.
Aunque los cambios de estación suelen formar parte de la vida cotidiana, pocas personas conocen las diferencias entre los solsticios y los equinoccios, los cuatro momentos astronómicos que organizan el año y determinan la duración de los días y las noches en todo el planeta.
La explicación se encuentra en la inclinación de la Tierra y en su movimiento alrededor del Sol. Estos factores hacen que, a lo largo del año, cada hemisferio reciba distintas cantidades de luz solar, provocando así las estaciones.
La palabra "solsticio" proviene del latín y significa "Sol quieto". Se refiere al momento en que el Sol alcanza su máxima distancia aparente respecto del ecuador terrestre.
En el hemisferio sur, el solsticio de invierno ocurre cuando el Polo Sur se encuentra más alejado de la iluminación solar directa. Como consecuencia, el Sol recorre su trayectoria más baja en el cielo y los días alcanzan su menor duración.
Este año, el invierno astronómico comenzará oficialmente en Argentina el 21 de junio. A partir de ese momento, aunque el frío continuará intensificándose durante varias semanas, los días comenzarán a alargarse lentamente, ganando algunos minutos de luz solar cada jornada.
Seis meses después ocurre el fenómeno opuesto: el solsticio de verano. En el hemisferio sur suele registrarse entre el 21 y el 22 de diciembre y marca el comienzo oficial del verano. En esa fecha, el Polo Sur se encuentra inclinado hacia el Sol, recibiendo la mayor cantidad de radiación solar del año.
Por esa razón se produce la jornada más larga y la noche más corta. En ciudades del sur argentino, como las de la Patagonia, la diferencia entre las horas de luz del invierno y del verano puede superar ampliamente las seis horas.
Entre ambos solsticios aparecen los equinoccios, que señalan el inicio de la primavera y del otoño. La palabra "equinoccio" proviene del latín aequus (igual) y nox (noche). Durante estos eventos, el eje terrestre no está inclinado ni hacia el Sol ni en dirección opuesta, por lo que ambos hemisferios reciben prácticamente la misma cantidad de luz.
Como resultado, el día y la noche tienen una duración muy similar, cercana a las 12 horas. En Argentina, el equinoccio de otoño ocurre alrededor del 20 o 21 de marzo, mientras que el equinoccio de primavera suele registrarse entre el 22 y el 23 de septiembre.
La principal diferencia es que los solsticios representan los extremos de iluminación solar durante el año, mientras que los equinoccios marcan el equilibrio entre el día y la noche.
Durante los solsticios se producen:
Durante los equinoccios:
Estos cuatro eventos dividen el calendario astronómico y sirven como referencia para el inicio de las estaciones en gran parte del mundo.
Una de las curiosidades más llamativas es que el comienzo del invierno no suele coincidir con las temperaturas más bajas del año.
Esto ocurre porque la atmósfera, los océanos y la superficie terrestre acumulan calor y lo liberan gradualmente. Por eso existe un retraso térmico que hace que los días más fríos lleguen varias semanas después del solsticio.
En gran parte de Argentina, julio suele ser el mes con temperaturas medias más bajas, a pesar de que el invierno comienza oficialmente en junio.
Mucho antes de la existencia de los calendarios modernos, las civilizaciones antiguas observaban los solsticios y equinoccios para organizar actividades agrícolas, ceremonias religiosas y celebraciones vinculadas a los ciclos naturales.
Hoy, estos fenómenos continúan marcando el ritmo del planeta. Este fin de semana, mientras Argentina reciba el invierno, el hemisferio norte vivirá exactamente lo contrario: el inicio del verano y el día más largo de su año.
Un mismo movimiento de la Tierra alrededor del Sol, pero dos estaciones completamente opuestas separadas por un planeta inclinado apenas 23,5 grados. Esa pequeña inclinación es la responsable de uno de los ciclos naturales más fascinantes que experimenta la humanidad desde tiempos inmemoriales.