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Una fruta rica en vitamina C ayuda a fortalecer el sistema inmunológico y prevenir enfermedades cardiovasculares. ¿Cómo consumirla de manera adecuada?
La mandarina es un clásico del otoño: dulce, fácil de pelar y llena de vitamina C. Sin embargo, muchas personas cometen un error bastante común al consumirlas, que puede afectar tanto su digestión como los beneficios nutricionales que ofrecen. ¿Lo sabías? Aunque parezca un detalle menor, este hábito puede marcar la diferencia entre aprovechar al máximo la fruta o desperdiciar parte de sus propiedades.
Este cítrico esconde un tesoro nutricional que suele ser ignorado: el albedo, esa telilla blanca que recubre los gajos. El error más común que cometen muchas personas es descartar el albedo sin saber que están eliminando uno de los componentes más ricos en beneficios para la salud.
Además, comprender cuántas mandarinas se deben comer para aprovechar su riqueza en vitamina C, clave para el sistema inmunológico, y conocer sus otros aportes nutricionales puede cambiar por completo la forma en la que se consume esta fruta tan común.
El albedo es la capa blanca que queda adherida a los gajos una vez que se retira la cáscara. Aunque muchos lo descartan por su textura fibrosa o su apariencia poco atractiva, se trata de una de las partes más valiosas del cítrico desde el punto de vista nutricional.
El nutricionista Manuel Viso, advirtió en sus redes que “es donde mayor cantidad de flavonoides y antioxidantes hay, y es la parte que más vitamina C tiene, mucho más que la pulpa”. Esta capa blanca actúa como una protección natural entre la cáscara y la pulpa, y contiene fibra, vitamina C concentrada, y polifenoles que cumplen funciones antiinflamatorias y antioxidantes.
El nutricionista Manuel Viso, advirtió en sus redes que “es donde mayor cantidad de flavonoides y antioxidantes hay, y es la parte que más vitamina C tiene, mucho más que la pulpa”. Esta capa blanca actúa como una protección natural entre la cáscara y la pulpa, y contiene fibra, vitamina C concentrada, y polifenoles que cumplen funciones antiinflamatorias y antioxidantes.
La importancia del albedo no se limita únicamente a la mandarina. Viso subrayó también su presencia en otras frutas como el plátano, donde se concentran “la mayor cantidad de antioxidantes, antiinflamatorios, vitaminas y minerales como el potasio, el magnesio y el triptófano”. Este conjunto de nutrientes lo convierte en un aliado natural contra el estrés oxidativo, los procesos inflamatorios y diversas afecciones crónicas.
Tirar el albedo, por tanto, es un desperdicio nutricional. A pesar de su aspecto, su inclusión en la dieta podría potenciar significativamente los beneficios ya conocidos de los cítricos.
Más allá del albedo, la mandarina es una fruta con un perfil nutricional variado que aporta múltiples beneficios a distintos sistemas del cuerpo. Según la Fundación Española de la Nutrición, contiene vitamina A, vitamina C, flavonoides, ácidos orgánicos, y es una fuente destacada de fibra y minerales esenciales como el potasio, el calcio, el magnesio, el hierro, el zinc y el fósforo.
Entre sus efectos más reconocidos se encuentran:
La cantidad de vitamina C que el organismo requiere varía según el sexo, la edad y condiciones particulares de salud. Para un adulto promedio, la ingesta diaria recomendada oscila entre 75 mg y 90 mg, según las guías nutricionales internacionales. Las mandarinas, por su perfil nutricional, pueden ayudar a cubrir esa necesidad diaria de manera sencilla y natural.
Según datos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), una mandarina pequeña de aproximadamente 76 gramos contiene 26,7 miligramos de vitamina C, lo que representa cerca del 34 % de la ingesta diaria recomendada, según Verywell Fit. Esto significa que el consumo de tres mandarinas pequeñas al día es suficiente para alcanzar e incluso superar el requerimiento básico de vitamina C para un adulto promedio.