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Este ingrediente común de cocina funciona como un repelente casero eficaz para ahuyentar estos desagradables insectos sin recurrir a químicos.
Las cucarachas figuran entre las plagas más frecuentes y difíciles de erradicar en las casas, lo que lleva a muchas personas a buscar soluciones prácticas y naturales. Entre las alternativas caseras más recomendadas aparece un aliado inesperado: el orégano.
Fácil de conseguir y simple de usar, esta aromática puede convertirse en una opción efectiva para mantener a estos insectos alejados de los ambientes del hogar.
El orégano repele a las cucarachas de tu casa básicamente por su aroma, el cual suele no ser tolerado por estos repugnantes insectos. ¿Cómo utilizarlo?
Si eres una persona ingeniosa, puedes utilizar el orégano contra las cucarachas de diferentes maneras. Concretamente, puedes hacerlo colocando bolsitas secas, preparando una mezcla con agua o directamente rociando su jugo en lugares estratégicos.
Colocar montoncitos de hojas de orégano directamente en zonas críticas como alacenas, detrás de la heladera o en las esquinas de la cocina puede funcionar perfectamente. Debes reemplazarlas cada pocos días para mantener su capacidad repelente.
Otro de los métodos es mezclar el aceite esencial de orégano con un poco de agua (diez o quince gotas, aproximadamente) y rociarlo por zonas críticas de tu casa.
Si quieres preparar una infusión, lo que debes hacer es lo siguiente:
Para potenciar el efecto de este repelente, puedes recurrir a otro remedio casero como el vinagre. Si esto no funciona, lo mejor será que uses los productos químicos o te contactes con un especialista.
Además de las cucarachas, el orégano también puede ser efectivo para ahuyentar a otro tipo de plagas. Algunas de las más destacadas son las siguientes:
La cocina reúne casi todos los elementos que las cucarachas necesitan para sobrevivir. Acceso a comida, humedad constante y rincones oscuros forman un ambiente ideal. Restos de pan, frutas maduras, envases mal cerrados o migas invisibles al ojo humano resultan suficientes para atraerlas.
Además, electrodomésticos como heladeras, hornos y microondas generan calor residual, otro factor clave para su permanencia. Por ese motivo, los especialistas en control doméstico de plagas coinciden en que la cocina suele ser el primer lugar donde aparecen y el principal foco de infestación.
Si bien la limpieza resulta fundamental, no siempre alcanza. Incluso en hogares ordenados, las cucarachas pueden ingresar desde desagües, grietas o cañerías compartidas con otras viviendas. Allí es donde las trampas caseras pueden cumplir un rol complementario.
Una trampa simple gana terreno por su eficacia y facilidad de armado. El método apunta a capturar a los insectos sin aerosoles ni venenos agresivos.
Se basa en aprovechar el comportamiento de las cucarachas, atraídas por alimentos y capaces de ingresar en espacios reducidos, pero con serias dificultades para salir cuando encuentran superficies resbaladizas.
Para armarla se necesita un frasco de vidrio alto, vaselina común y un cebo alimenticio, como fruta, pan o un trozo pequeño de jamón.
El procedimiento es sencillo. Primero, se debe untar vaselina en el cuello y la parte superior interna del frasco, creando una superficie por la que el insecto no pueda escalar. Luego, se coloca el alimento en el fondo. Para facilitar el ingreso, conviene apoyar el frasco de manera inclinada o improvisar una pequeña rampa con una regla, cartón o papel rígido.
Atraídas por el olor del cebo, las cucarachas ingresan al frasco. Una vez dentro, resbalan al intentar salir y quedan atrapadas, sin posibilidad de escapar. El frasco puede colocarse detrás de la heladera, bajo la bacha o cerca de zonas donde se detecta actividad nocturna.
Se trata de una solución económica y reutilizable, que no libera sustancias tóxicas en el ambiente.