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Una espiral luminosa se desplazó lentamente por el cielo y sorprendió a miles de personas.
La noche del lunes dejó a muchos observadores en Europa sorprendidos ante la aparición de extrañas espirales luminosas que se desplazaban lentamente por el cielo. El fenómeno fue visible desde el Reino Unido, España y otras regiones del continente, generando especulaciones y curiosidad entre quienes lograron presenciarlo.
Según informaciones recopiladas por el diario The Sun, varios testigos describieron la formación como un "remolino de luces flotando en el cielo". El espectáculo, que duró cerca de 30 segundos, despertó teorías en redes sociales antes de que expertos brindaran una explicación científica.
El meteorólogo Simon King, de la BBC, indicó que el origen del fenómeno está vinculado a un cohete Falcon 9 de SpaceX, lanzado más temprano ese día. La segunda etapa de la nave liberó combustible congelado en la atmósfera, creando una nube de partículas iluminadas. A medida que giraban y reflejaban la luz solar, formaron la espiral observada en el cielo nocturno.
Eventos similares pasaron otra veces. Hace poco más de un año, un cohete de SpaceX generó un resplandor rojizo en el cielo de Estados Unidos que muchos confundieron con una aurora boreal. En aquella ocasión, el Falcon 9 perforó una sección de la ionosfera, la capa superior de la atmósfera terrestre, alterando temporalmente su composición.
La inusual luminiscencia, bautizada por algunos como "la aurora de SpaceX", se produjo debido a la combustión de propulsor a gran altitud, entre 200 y 300 kilómetros sobre la superficie terrestre. Los gases emitidos durante el proceso, principalmente vapor de agua y dióxido de carbono, interactuaron con el oxígeno ionizado de la ionosfera, generando un resplandor visible durante varios minutos.
Aunque los agujeros en la ionosfera se cierran en pocas horas, muchos expertos se preguntan si este tipo de alteraciones podrían tener consecuencias en el largo plazo. Además, con la frecuencia creciente de lanzamientos espaciales, algunas voces dentro de la comunidad científica han comenzado a manifestar su preocupación.
El ritmo acelerado de misiones espaciales privadas ha introducido nuevos desafíos en la regulación del espacio cercano a la Tierra. Solo en 2023, SpaceX llevó a cabo más de 90 lanzamientos, una cifra sin precedentes. Esto plantea dudas sobre el impacto acumulativo de estas operaciones en la atmósfera y las telecomunicaciones globales.
La ionosfera desempeña un papel clave en la propagación de ondas de radio y señales GPS. Alteraciones repetidas, aunque sean breves, podrían generar perturbaciones en estos sistemas esenciales. Algunos científicos sugieren que podría ser necesario realizar estudios más exhaustivos para comprender los efectos de estos eventos en la comunicación y la navegación global.
A esto se suma la preocupación por la contaminación visual en el cielo nocturno. Astrónomos y observadores del espacio han alertado sobre la interferencia que provocan estos fenómenos, así como la proliferación de satélites Starlink, de Elon Musk, que ya cambiaron la manera en que se observa el firmamento. La iluminación artificial de la atmósfera podría afectar la investigación astronómica y alterar la percepción natural del cosmos.
Actualmente, la regulación internacional sobre estos efectos sigue siendo limitada. Aunque las agencias espaciales gubernamentales deben informar sobre sus lanzamientos, las empresas privadas operan con mayor flexibilidad. Fenómenos como las espirales luminosas o las auroras artificiales continúan apareciendo sin previo aviso para el público general.
No existen evidencias de que estas manifestaciones representen un riesgo directo para la salud humana o la estabilidad del planeta. Sin embargo, la falta de estudios concluyentes y la aceleración del número de lanzamientos sugieren que es necesario analizar su impacto con mayor profundidad. La exploración espacial avanza rápidamente, pero el debate sobre sus consecuencias en la atmósfera y el entorno cercano a la Tierra apenas comienza.