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Por qué no conviene tirar ni explotar el plástico con burbujas: un tesoro para las plantas

Especialistas en jardinería aseguran que este material, común en embalajes, ayuda a proteger cultivos y mejorar su desarrollo.

Lo que muchas personas consideran un simple residuo puede convertirse en un gran aliado del jardín. El plástico con burbujas, habitual en cajas y mudanzas, empezó a ser valorado por jardineros y expertos en huertas urbanas como un recurso útil para el cuidado de las plantas.

Lejos de explotarlo y desecharlo, recomiendan reutilizarlo para proteger cultivos, conservar la temperatura y favorecer el crecimiento, especialmente en épocas de frío o cambios bruscos del clima.

Este recurso liviano, transparente y económico pasó a ocupar un lugar estratégico en huertas e invernaderos. Se utilizó para proteger cultivos de heladas, vientos intensos, granizo y pérdidas de humedad. También se aplicó como aislante térmico y como barrera frente a cambios bruscos de temperatura. Todo, con un material que la mayoría tenía en casa.

Plantas

Jardineros consultados coincidieron en un punto: el plástico con burbujas funcionó como una solución simple ante problemas complejos. Y su efectividad sorprendió incluso a quienes llevan décadas cultivando.

Por qué los plásticos con burbujas son fundamentales en la jardinería

El plástico con burbujas está compuesto por pequeñas cápsulas de aire selladas entre dos capas de plástico. Esa estructura, pensada originalmente para amortiguar golpes, ofreció una ventaja inesperada en el mundo vegetal. El aire atrapado actuó como aislante natural.

En jardinería, el aislamiento térmico resultó determinante. Las burbujas redujeron el intercambio de temperatura entre el ambiente exterior y la planta. Así, el frío intenso tardó más en penetrar y el calor interno se conservó por más tiempo.

Especialistas explicaron que este efecto fue crucial durante el invierno. Las plantas jóvenes o especies sensibles resistieron mejor las heladas cuando se las cubrió con este material. También se observó una disminución del estrés térmico, un factor que suele frenar el crecimiento.

Además, el plástico con burbujas no bloqueó la luz. Al ser translúcido, permitió el paso de la radiación solar necesaria para la fotosíntesis. Esa combinación de luz y protección lo transformó en un aliado inesperado.

El uso en invernaderos que cambió una práctica habitual

Los invernaderos fueron uno de los primeros espacios donde se adoptó esta técnica. Instituciones dedicadas a la horticultura analizaron su impacto y difundieron recomendaciones claras.

INVERNADERO

La técnica se aplicó fijando el plástico en paredes y techos internos del invernadero. Las burbujas quedaron orientadas hacia el interior, maximizando la retención de calor. El resultado fue un ambiente más controlado, incluso durante noches con temperaturas bajo cero.

El aislamiento térmico que marcó la diferencia en invierno

Durante los meses fríos, las plantas enfrentaron uno de sus mayores desafíos. Las heladas dañaron tejidos, ralentizaron procesos metabólicos y, en muchos casos, provocaron la muerte de ejemplares jóvenes.

El plástico con burbujas actuó como una capa intermedia. No generó calor por sí mismo, pero conservó el que se acumuló durante el día. Esa inercia térmica permitió atravesar la noche con menos pérdidas.

Jardineros explicaron que incluso una diferencia de pocos grados resultó decisiva. Plantas que antes no sobrevivían al invierno lograron mantenerse activas hasta la primavera.

Este método no reemplazó otras prácticas, pero las complementó. En combinación con riego controlado y ubicación estratégica, el resultado fue notable.

Cómo se aplicó en huertas a cielo abierto

El uso del plástico con burbujas no se limitó a los invernaderos. En huertas familiares y cultivos urbanos también se adoptó con éxito.

Durante el verano, se colocó sobre el suelo o alrededor de las plantas para reducir la evaporación del agua. Esa cobertura ayudó a mantener la humedad, especialmente en períodos de sequía.

Al mismo tiempo, funcionó como protección frente a eventos climáticos extremos. Granizo, lluvias intensas y vientos fuertes impactaron menos sobre las plantas cubiertas. El material amortiguó golpes y redujo el daño físico.

En algunos casos, se utilizó para envolver tallos jóvenes o ramas frágiles. Esa práctica evitó quiebres y favoreció un crecimiento más estable.

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