El Boeing 787 de Virgin Atlantic marcó un hecho histórico como el primer vuelo transoceánico con combustible sostenible al 100%.
Despegando desde el aeropuerto Heathrow, el Boeing 787, conocido como Vuelo 100 de Virgin Atlantic, cruzó el cielo hasta llegar al Aeropuerto Internacional John F. Kennedy en Nueva York, marcando un hito histórico: el primer vuelo transoceánico realizado con combustible sostenible al 100% en un avión de pasajeros.
A bordo de la aeronave se encontraban el fundador de Virgin Atlantic, Richard Branson, el director ejecutivo Shai Weiss y el secretario de Estado de Transporte del Reino Unido, Mark Harper, todos ellos testigos de este momento histórico. El combustible utilizado para propulsar el avión se elaboró principalmente mediante el reciclaje de aceite de cocina usado y grasa animal desechada, mezclados con una pequeña cantidad de querosén aromático sintético obtenido a partir de residuos de maíz.
La compañía asegura que este enfoque reduce en un 70 % las emisiones de CO en comparación con un vuelo convencional. No obstante, se plantea la cuestión sobre si el combustible de aviación sostenible (SAF) representa la solución definitiva para alcanzar emisiones cero.
Aunque el vuelo 100 de Virgin Atlantic, que duró siete horas, emitió la misma cantidad de dióxido de carbono que un vuelo normal con queroseno Jet A1, la diferencia radica en la menor cantidad neta de gases de efecto invernadero generada a lo largo del ciclo de vida del combustible. Por ejemplo, al convertir residuos domésticos en SAF, se evita la generación de metano en vertederos.
El combustible de origen vegetal sigue un patrón similar: las plantas absorben CO durante su crecimiento y lo liberan al quemarse en el motor del avión. Sin embargo, los críticos advierten que la conversión de estos materiales en combustible requiere mucha energía, a menudo utilizando queroseno en el proceso. Algunos activistas también señalan que la creación de cultivos específicamente para combustible puede tener impactos negativos en la biodiversidad y provocar deforestación, lo que lo hace potencialmente peor que el uso de combustibles fósiles.
Anna Hughes, de Flight Free UK, admite que, aunque la idea de un vuelo impulsado al 100 % por SAF suena prometedora, aún estamos lejos de ver el uso generalizado de estos llamados combustibles "sostenibles". La realidad es que, para reducir de manera efectiva las emisiones de los vuelos, la solución podría residir en volar menos, algo que la industria aérea podría no querer aceptar fácilmente.