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Cipo y un profundo dolor por el adiós de Conejo Díaz

Un símbolo albinegro, gran jugador, pero sobre todo gran persona.

Un gran jugador, referente en las épocas doradas, una persona excepcional, un hincha apasionado y leal, una sonrisa que transmitía entusiasmo, vitalidad y alegría. Todo eso y muchos más fue Miguel Ángel Díaz, un ídolo del Club Cipolletti que ayer, en un día gris, frío y con la inusual presencia de la nieve, se marchó para siempre, dejando un profundo dolor entre sus allegados.

Al Conejo Díaz lo respetaban por todo lo que les dio al Albinegro y a otros clubes de la región dentro de una cancha, pero sobre todo porque era un buen tipo. En el mundo futbolero, y más aún en las trincheras del interior, ser reconocido por ser buena gente, por compañeros y rivales, habla de alguien por sí solo.

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“Yo tendría que haber nacido en Cipolletti”, le decía a Juan Enrique Strak, ex compañero en Cipo y amigo de la vida. Miguel Ángel nació en 1953 en Avellaneda, jugó en Independiente, Lanús y Aldosivi hasta llegar a Cipo en 1977 y quedarse para siempre, primero transpirando la camiseta dentro de la cancha, después sufriendo o gritando goles en las tribunas.

“Fue un gran jugador, pero una mejor persona. Yo todavía no puedo entenderlo, son cosas que no se entienden de la vida. Un tipo que era tan transparente, tan buena persona, no se puede entender… Estamos muy dolidos, acongojados”, dijo el Ruso Strak, su amigo e ídolo de Cipo.

Díaz sufrió un accidente hace más de un año del que lamentablemente jamás pudo recuperarse.

“Siempre estuvimos cerca después de su accidente y hablando con gente que entendía, obviamente los médicos decían que estaba muy complicado, pero nunca pensás que pueda estar tan complicado, un tipo con tanta vitalidad, que siempre había hecho deporte… Decíamos ‘va a salir, va a salir’, y al final no pudo salir”, se lamentó Strak y, con la voz quebrada, contó que durante la tarde su teléfono se llenó de llamadas y mensajes. El mundo futbolero, el que siempre estuvo pendiente de la salud de Díaz, estaba nuevamente ahí.

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“Fue un gran jugador, pero una mejor persona. Yo todavía no puedo entenderlo, son cosas que no se entienden de la vida. Tan transparente, tan buena persona...”, dijo Juan Enrique Strak. Ex compañero en Cipo y amigo de la vida

“Parece que se juntó todo, estamos viviendo un momento tan feo, encerrados, tenemos miedo hasta de ver a un familiar, y pasa todo esto”, se lamentó el Ruso.

El Conejo fue un ícono del fútbol regional. Ídolo albinegro, el defensor también actuó en Alianza, Independiente, Pacífico, entre otros equipos. No fue un día más para el deporte regional, porque el fútbol perdió a un tipo de los buenos, a los que merecía disfrutar por mucho tiempo más en las tribunas de La Visera.

Querido en todas partes

Desde Cipolletti a Cutral Co y Plaza Huincul. Incluso hasta en General Roca. A Miguel Ángel Díaz, lo querían los equipos en los que jugó, pero también los que enfrentó y hasta en el eterno clásico, se hizo de amigos.

Es por eso, que desde el accidente, se realizaron diferentes actividades para ayudarlo. Incluso, cuando comenzó la cuarentena, su familia vendió barbijos y hubo muchas personas solidarias, que colaboraron con la compra.

No solo era querido en elAlbinegro, también en la Comarca, donde el año pasado organizaron una rifa para recaudar fondos. La región futbolera vive con profunda tristeza un adiós, demasido pronto.

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