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Cómo volver después de las palabras duras

Guillermo Pereyra, Ana Pechen y Jorge Sapag se encontraron por primera vez después de las elecciones primarias. La unidad del MPN todavía parece lejana.

Por RAMIRO MORALES

Hay palabras que se dicen que son más duras que una cachetada. Palabras de las que es muy difícil volver a hablar cuando antes hubo alguna relación o algo en común.
Guillermo Pereyra, Ana Pechen y Jorge Sapag fueron nuevamente los protagonistas de una semana política caliente. Los encuentros que mantuvieron despertaron tanta expectativa como las elecciones primarias de agosto en las que la ciudadanía independiente se volcó masivamente.
El primero de los dos encuentros lo protagonizaron el gobernador y el ahora candidato a senador. No se sabe de quién fue la iniciativa. Dicen que fue el petrolero el que lo llamó para pedirle una reunión y comenzar a desandar el camino de insultos, denuncias y agravios por los que se condujo la campaña electoral y que generó un virtual quiebre en las filas del MPN.
Y la “cumbre” finalmente se concretó con la más absoluta discreción y en el lugar menos esperado: el aeropuerto de Neuquén. Antes fue necesario desviar la atención de la prensa con señales de falsos lugares de reunión y horarios para preservar la intimidad de una reunión clave.
¿De qué hablaron Sapag y Pereyra? Se descarta que el tema estuvo vinculado al futuro del partido, las elecciones legislativas de octubre, el polémico acuerdo con YPF y las relaciones internas entre el oficialismo y el nuevo movimiento que se generó dentro del MPN, que ahora conduce el dirigente el petrolero.
Según Pereyra, se habló de la necesidad de unir a todas las filas para la gran batalla de octubre. Sapag dijo que de la cuestión electoral no se habló. Desde ambos sectores coincidieron que la reunión fue “cordial”.
El otro encuentro, que levantaba tanta o más expectativa que la de los dos hombres políticos, fue el que tuvieron Pereyra y Ana Pechen, también por primera vez desde la celebración de la PASO, aunque este contacto no fue consensuado entre las partes, sino que se generó producto de la institucionalidad y del protocolo.
La vicegobernadora organizó una reunión en la legislatura con ex diputados provinciales de diversas fuerzas políticas y Pereyra concurrió. Esta vez el encuentro no fue discreto, sino a la vista de toda la dirigencia política que se dio cita en la casa de las leyes, y de toda la prensa, que lo único que le interesaba era saber las reacciones de uno y otro cuando se vieran las caras por primera vez.
Pereyra la esperó para saludarla con nervios y ansiedad. Pechen lo esquivó y se mantuvo distante hasta que finalmente en la única puerta de salida de la sala donde se realizó el acto ambos se encontraron.
Los dos ensayaron la sonrisa plástica para la foto. Un apretón de brazos quedó a mitad de camino entre el beso y el abrazo fraternal. Fue un saludo breve y frío. Obligado.
Luego, la vicegobernadora declaró que antes de hablar de unidad lo que espera de Pereyra es una disculpa formal por las ofensas de la campaña.
Pocas semanas antes de las elecciones ambos sectores cruzaron denuncias de todo tipo (hasta de agresiones con armas de fuego) y se acusaron mutuamente con todos los calificativos posibles. Se habló de traición, corrupción, patoterismo. Las pintadas callejeras fueron más allá de los límites. Las palabras, duras como cachetadas.
Habrá que ver si la política –que muchos la describen como el arte de lo posible– es capaz de promover reencuentros, archivar rencores y reencauzar la unidad partidaria que, hasta el momento, es tan artificial como una sonrisa forzada.