Ayer, la detención de la niñera que maltrataba a un bebé de un año y medio (el informe forense indicó que presentaba lesiones leves en su rostro) fue la respuesta que tuvo la Justicia ante el abuso de poder y violencia que esta mujer de 41 años ejercía contra el menor. Los llantos constantes, el taparse la cara y no comer fueron las señales que Francisco eligió para dar cuenta de su sufrimiento. Las imágenes que reflejaron claramente distintas acciones de maltrato y violencia de la mujer fueron el detonante para que los padres presentaran la denuncia. En este caso, los padres contaron con los medios para instalar algunas cámaras de vigilancia en distintos sectores de la casa y confirmar así las sospechas que tenían desde unos días antes a raíz de los cambios de conducta que notaban en su pequeño hijo. Pero ¿cuántas familias habrá que sin esa posibilidad de vigilancia, luego de una extensa jornada laboral, llegan a sus casas, se reencuentran con sus hijos sin saber si sus más preciados tesoros fueron víctimas de algún tipo de maltrato o abuso por parte de la persona que los cuida? La difusión de las imágenes de Francisco, vulnerable y expuesto a la violencia sin justificativo, nos obliga como padres a entender que esa persona que elegimos es un vínculo nuevo y vital en la vida de nuestro hijo.