“Para ser candidato a gobernador en 2015 tenés que ganar la interna del MPN”, le dijeron a Guillermo Pereyra a principios de junio muchos de los dirigentes de su sector. Y el petrolero, que ya se había comprometido en público y en privado a no participar de la contienda, se dejó convencer y se anotó en la pelea. ¿Estará maldiciendo ahora esa decisión? ¿O la derrota le devolverá algo de paz a un hombre cansado y desbordado por los múltiples cargos que ocupa? Ya antes de la elección de ayer parecía haberse quedado sin fuerzas para competir por la gobernación el año que viene. Con el resultado puesto, es mucho más fácil imaginarlo en 2015 como espectador que como verdadero protagonista.
Una vez más, el petrolero fue anoche la contracara de Jorge Sapag. Pero por primera vez le tocó festejar al gobernador. Sapag tuvo que esperar para sacarse la espina que llevaba clavada desde las PASO de agosto del año pasado. También él había mostrado dudas, cuando amagó con ser candidato y terminó ubicando a su poco conocido ministro de Economía. Pareció una señal de debilidad. Por eso el triunfo tiene perfume de revancha. El año y medio que le resta como gobernador no será fácil, pero una derrota lo hubiera vuelto mucho más difícil.
Y un párrafo aparte merece el candidato. El ganador de la interna. El ambicioso y no muy carismático Omar Gutiérrez. Pocos creían en él, y tenían motivos. Pero a fuerza de pura voluntad, el ministro se fue haciendo lugar, y ahora nadie podrá impedirle que sueñe con más. De todos modos, el triunfo no le garantiza nada, y tendrá que seguir peleando con los enemigos de afuera, pero también con los de adentro. Todos ellos, que imaginaban un escenario más propicio si el ganador era Pereyra, tendrán que empezar a recalcular su estrategia. No está todo dicho, y para 2015 falta una eternidad.