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Con un gran fuego, hubo festejos por la Noche de San Juan

Los vecinos del barrio Río Grande se sumaron a celebrar el tradicional rito.

Neuquén.- El gran protagonista de la fiesta de San Juan es el fuego, y en el barrio Río Grande lo encienden desde hace 28 o 30 años en comunidad. Ayer los vecinos se juntaron una vez más y mientras ardía la fogata las cosas malas se hicieron cenizas y dejaron paso a lo bueno que vendrá.
La gente comenzó a reunirse a las 20, abrigada hasta las muelas, en la plaza ubicada sobre calle Domene al 350. Entre las hamacas y los toboganes se había armado un escenario y a su lado estaba la gran pirámide de ramas que contenía en el centro un muñeco de papel maché. En el fondo del parque se asaban unos chorizos en cuatro grandes parrillas para compartir, de forma gratuita, con los presentes.
Bajo la farola, los chicos de la Escuela 182 jugaban al fútbol con los cachetes teñidos de rojo por el frío. Ellos eran los que mejor podían explicar la fiesta. “Cada grado presentaba un boceto con un muñeco y ganó el Pacman que propuso 5º grado. Es ése el que se va a quemar en un rato”, dijo un nene de ocho años, tras parar la pelota, y su amigo completó: “Se queman las cosas viejas, lo hacemos todo los años y nos gusta mucho”.
Pasadas las ocho y media, se dio inicio a los espectáculos. La gente escuchó atenta el folclore de la banda De aquí y allá y el tango de Rolando Robledo. También bailaron la agrupación de adultos, Nuestros Mayores y el Ballet del Don Bosco. El presidente de la comisión vecinal, Alvarito Quintana, contó: “Ésta es una tradición del barrio. No nos ponemos de acuerdo si tiene 28 o 30 años. Si bien no caminamos sobre el fuego, evoca a la fiesta los festivales de España”.
Graciela Cardone, vecina del barrio, se acercó al fuego de la choriceada para matar el frío. Allí contó que desde hace 28 años colaboran con sus hijos en la organización de la fogata. “Siempre me pareció muy importante este momento, creo que es lindo compartir una fiesta que ya es bien nuestra. Terminamos una etapa, dejamos lo negativo y tomamos lo positivo para comenzar una nueva”, decía, iluminada por las brasas rojas.
Cuando todo estuvo dispuesto, una mecha encendió la fogata. El barrio hizo una ronda en torno al fuego y con los rostros iluminados celebraron. Aunque son muchas las creencias que se relacionan con esta noche, la magia más grande que esconde en Río Grande es la de unir a los vecinos cada año.