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Contar anécdotas extraordinarias no le cae tan bien a tus amigos

Nueva York
“Las experiencias extraordinarias se disfrutan en el momento, pero nos perjudican socialmente a la larga”, asegura Gus Cooney, de la Universidad de Harvard, coautor de un curioso estudio en el que explica que contar anécdotas insólitas o espectaculares podría aislarte.
“Los participantes de nuestra investigación pensaban que haber experimentado o presenciado un hecho insólito los convertiría en las estrellas de la conversación. Sin embargo, la interacción social se basa precisamente en lo que tenemos en común”, agrega Cooney.
Junto a sus colegas dividieron a 68 voluntarios en grupos de cuatro y les pusieron películas. Uno de ellos vería un video sobre los impresionantes trucos de un mago callejero y los otros tres, dibujos animados más bien aburridos. Después, sentaron a los cuatro en una mesa para que mantuvieran una conversación informal de cinco minutos. Pues bien, los espectadores que habían contemplado la película del mago confesaron sentirse excluidos en el coloquio posterior.
Esta desazón posiblemente se acentuaba porque anticipaban que iban a ser el centro de atención. Para confirmarlo, los psicólogos explicaron después a otras personas el experimento y les pidieron que aventuraran un resultado. Invariablemente, dijeron que los espectadores del video del mago se sentirían mejor y hablarían más que el resto, cuando había ocurrido todo lo contrario.